29 de julio de 2011

Abrocharse el cinturón, toda una odisea

Ha llovido mucho desde aquel el día en que los inconscientes hermanos Wright emprendieron el vuelo. Lo que hoy consideraríamos un pequeño paseo, tan corto que levantaría las iras de cualquier usuario ávido de refresco y cacahuetes, supuso el inicio de una carrera imparable de la industria comercial aeronautica.

Quiero romper una lanza en esta entrada por todos los pasajeros de avión, como un servidor, que a diario surcan los aires y que a menudo se encuentran en pelotas, como un servidor, ante los atropellos sufridos por esta industria. Que se puede esperar de una actividad en la que coexiste la figura del comandante, capaz de denegar el acceso a un avión por futilidades como un persistente olor de pies, y la icónica bolsita de cacahuetes, reminiscencia de un pasado glorioso protagonizada por el bocadillo de salchichón. Aciago el día en que alguna mente preclara carne de MBA tuvo la visión de dar a escoger al pasajero del vuelo de 5 horas entre morir de hambre o pagar cantidades desorbitadas por una copia desdibujada de aquel bocadillo. Con lo que el salchichón ha sido para la industria de la aviación…


Otro aspecto interesante a tratar es la especificidad de la dimensión espacio-tiempo en la que vive esta industria. En ella los horarios sufren alguna especie de curvatura que los hace imposibles de cumplir aduciendo a razones extrañas que nuestra débil mente nunca alcanzaría a comprender. En ocasiones, los motivos del retraso se guardan celosamente entre el selecto grupo de escogidos que deben salvaguardar la seguridad del pasajero. El mozo de las maletas, la asistenta de tierra o el chispas del hangar doce se erigen en superhéroes cual liga de la justicia liderados por el señor de las gafas de sol de espejo y andares grotescos, es decir, el comandante. 

En un mundo donde los horarios son fútiles y nuestro destino está en manos de unos pocos iluminados, hablar de conexiones entre vuelos es una entelequia. Hoy en día viajar entre dos puntos haciendo una escala es un reto para nuestros nervios a partir del momento que tomas consciencia de que la aeronave en la que vas montado no llegará nunca a la hora que te prometieron, que todo aquel de la tripulación al que le preguntas te sonríe inexorablemente y que al llegar te va a tocar de nuevo hacer los 100 metros lisos entre los pasillos de un aeropuerto bielorruso de nombre extraño para llegar sudado a una puerta de embarque en que otros señores sonrientes, casi al límite de la carcajada histérica, te intentarán hacer entender que no debes volver a hacer planes cuando vueles en conexión.

En este punto, casi mejor de las maletas ni hablamos. Personalmente siempre tengo la sensación de que el adhesivo que te ponen en el billete al facturar la maleta sea el boleto de la tómbola de la fiesta mayor y que al dártelo la persona del mostrador farfulle entre dientes algo similar a “suerte y a por el perrito piloto”. Esa es una de las principales razones por las que la gente prefiere llevarse las gallinas, el pan cateto y el chorizo cual Paco Martínez Soria en los compartimentos superiores, fijo. Si no, la próxima vez que facturéis poner atención.     

Cuanto hemos avanzado desde aquel primer vuelo de los hermanos Wright que traducido al castellano quiere decir “podrían haberse quedado en tierra que estaban más monos”.

25 de julio de 2011

De vacaciones en la selva

La llamada de la selva era como antaño la gente llamaba a aquel sentimiento. Más que sentimiento era una pasión en si mismo, un momento místico que te movía a hacer locuras y derrotar a la razón para dejar paso a los instintos más básicos, desde los más puros hasta los más sucios. Permítanme pues que les ejemplifique con un ejemplo…

Poco tiempo atrás recibí la noticia de que un buen amigo había sido designado para liderar una empresa, la cual no hacía mucho tiempo atrás había dejado. No les negaré que analizando la situación fríamente, la imagen que vino a mi cabeza al pensar en ello fue la de una amable invitación a hacer de trapecista sin red con los hermanos Karamazov, los circenses sin dientes más aguerridos del mundo. Por otro lado y conociendo al sujeto como lo conozco, supe que si alguien podía obrar el milagro de darle la vuelta a un proyecto empresarial, ilusionar a la gente y acabar sacando beneficios era él.



Llegados a este punto del blog no negaré ya que soy de naturaleza sencilla, casi idéntico a una ameba. A veces incluso pienso, con el seguro beneplácito del Sr. Darwin, que la evolución ha debido hacer una excepción uniéndome estrechamente a los habitantes de Atapuerca, a su instinto y en algún tema incluso a sus costumbres. La cuestión es que fue tan solo tomar consciencia de la noticia  y pensar en la necesaria celebración de la misma rodeado de whisky, humo y amigos, muchos amigos.
Sobre este punto los clásicos son unánimes a la hora de ejemplificarlo.. Pérez Galdós, Unamuno, Cela… pero sobretodo  Craig Thomas, el guionista de "How I met your mother"  (sitcom de culto) en la que uno de sus protagonistas, Barney, utiliza un CD en la noche de fin de año para poner a tono a sus amigos al grito de "Euforiaaaaaaaaaaa". Como la vida misma.

Pero la cruda realidad siempre supera a la ficción. Tras diversos intentos fallidos de arenga a las masas por correo electrónico, se consiguió cerrar una fecha para tal magna ingesta de copazos con el único amparo de una simple excusa de celebración. Lamentablemente, la sangre aquel día solo hirvió para tan solo 3 personas, amén de un servidor. Para una población objetivo de 40 personas no estuvo mal si tenemos en cuenta que el esperma de la población masculina cada vez es más pobre, que hay en el aire que respiramos cada vez más contaminantes, que la juventud está perdiendo los valores y que, por lo que parece, la llamada de la selva ya no está de moda.

Finalmente, deben permitirme finalizar esta entrada reflexionando sobre dos ideas básicas y simples. La primera es que lo importante no es la cantidad sino la calidad, y la calidad ese día fue excepcional. La segunda y quizás más importante es invitar a cada uno a que se haga la siguiente pregunta ¿Estamos perdiendo la capacidad de ilusionarnos, de ser un Barney cualquiera y reclamar nuestra euforia? Para mi es un ingrediente primordial para el cambio y la evolución.

Y ahora les dejo que creo que llaman… ¿Será la selva otra vez?