31 de diciembre de 2012

Con alegría


Ante una próxima y segura muerte cerebral con motivo de la celebración en días tan señalados de la Santa saturación de grasa en todos y cada uno de mis vasos sanguíneos, opto por acabar esta mierda de año con la publicación de una entrada en mi Blog. Y evidentemente me veo en la obligación, como muchas otras personas con algo de tiempo libre y poco criterio, de realizar balance del mismo cual fino estadista y paladín de la crítica moderna. Pueden temblar así los tertulianos de Telecinco e Intereconomía, juntos pero no revueltos, ante el crudo ejercicio de realidad que se les viene encima. Por cierto ¿He dicho ya lo de la mierda?

A modo de introducción debemos tener en cuenta que con toda certeza ha sido una mierda de año, y remarco lo de mierda para conseguir un mayor efecto de perspectiva absoluta a modo de desgarradora técnica narrativa en el que la mierda en si misma relata la gravedad del asunto. Acto seguido debemos poner igualmente en consideración que este Blog es más bien de audiencia escasa con unas expectativas de difusión para esta humilde entrada a medio camino entre lo realmente bajo y el silencio intelectual absoluto. Y todo ello sin olvidar que cada día que pasa la tasa de lectura en el mundo civilizado (¿realmente existe eso?) decrece de manera alarmante para ceñirse casi exclusivamente a la búsqueda de descuentos en los folletos de supermercado. Más concentración produce dolor de cabeza. Comprobado.

Ante la evidencia y los imponderables enumerados en contra, sería un acto loable el rendirme ahora mismo y no llevar a cabo mi mordaz crítica de los pasados 365 días y de todo lo que en ellos ha acontecido, para mal o para bien ¿o fue solo para mal? Pero no… acataré el destino que la pluma, más fuerte que la espada y el vino de Jumilla, me ha encomendado y lanzaré certeros dardos a vuestras mentes para demostraros la verdadera mierda en que se convirtieron las jornadas del 2012. Uno tras otro, con pocos o ninguna razones para el optimismo, se fueron perpetrando los días que alguien borracho seguramente nos vendió como de vino y rosas. Los que aún sobrevivimos a la podredumbre queremos expresar la alegría de estar cuerdos. No soy nadie generando expectativas…

Es por ello que voy a ceñirme a una simple a la par que efectiva enumeración de unas pocas frases cargadas de un sentido aplastante que van a transmitir la realidad de lo que ha sido el año de mierda que estamos a punto de dejar atrás. ¿He dicho mierda ya? ¿Cuántas veces? ¿Suficientes? ¿Habrá quedado bien plasmada la idea de cacota gorda?

  • Justicia - Algunos chorizos se sacaron la careta. No nos sorprendieron a ninguno. Ni a los jueces…
  • Sucesos - Muchos que querían comer se convirtieron en chorizos. Y todo por miedo a quedarse colgados…
  • Economía - La prima del riesgo se puso muy gorda. Y a los de fuera se les fue los ojos con la gorda…
  • Política - La segregación se convirtió en tema de conversación. Y así se pasaron los días, segregando tanto bilis como otras sustancias pútridas necesarias para mantener unida a Ejpaña…
  • Empresa - Subieron impuestos. Bajaron inversiones. El resultado… el 60% de las empresas en números rojos.
  • Ecos de sociedad – Algunos siguieron haciéndose ricos, muy ricos. Algunos se sacaron la careta…
  • Internacional – La prensa internacional le cogió el gusto a sacarnos en portada y hacer reportajes sobre nuestro país. Pero esta vez no por el sol ni la fiesta…
  • Cultura – ¿Cultuqué? Algún día tendremos de eso. Seguro…
  • Tecnología – Todo es cada vez más “Smart”, más inteligente. Un día de estos podremos preguntarles a los móviles y demás aparatejos como tenemos que salir de la crisis…
  • Deportes - Y España ganó al futbol…


Y hasta ahí mi certero análisis de la situación de este año que estamos a punto de acabar. ¿Punzante verdad? Me faltó colocar por algún lado bonitas palabras como “deleznable”, “cretino”, “tarugos” (hay tantos que no puedo usar el singular) o “apocalíptico”. Mis recursos literarios no tendrán límite pero si mis ansias de transmitir alegría y buen rollo, así que mejor me las guardo para hacer bulto en mi próxima entrada.

Finalmente y como no podía ser tampoco de otra manera, abrimos un último rincón de buenos deseos sin saber el efecto que tendrá en el incierto futuro que se abre ante nosotros (Léase esta última frase con música de fondo de la dimensión desconocida. Si no la encuentra, cualquier cosa menos Camela…). Para que no se diga que soy un derrotista, ahí van unas sabias y profundas palabras cargadas de simbolismo y buen rollo cósmico, acompañadas de una bonita felicitación navideña de cosecha propia:

“Se bueno 2013. Vaaaaaa, vengaaaaaaa, porfaaaaaa…”




Alegría. Siempre alegría. Que para cagarse en todo y enviarlo todo a la mierda siempre estamos a tiempo ¿Alguien ha contado cuantas veces he escrito mierda? Todo un señor manifiesto coprofílico… cómo buen catalán, si señor.  

Feliz año… je, je

2 de diciembre de 2012

De vuelta


El taxi avanza rápido entre el intenso tráfico realizando el rítmico slalom que solo los conductores de Madrid conocen. El alegre conductor lleva un rato cantándome las excelencias de la ciudad condal en contraposición con las miserias de la gran capital. Con el tiempo he aprendido a desconectar intermitentemente y a emitir sonidos aprobatorios a tiempos fijos, lo que me permite mantener conversaciones sobre Mourinho, la independencia o el 15M manteniendo la misma expresión y sin levantar la más mínima sospecha de desinterés.

Finalmente llegamos a la estación de Atocha, bastión del Madrid moderno, de su multiculturalidad y de su olor a café con leche. Fiel a mis costumbres, me apeo de mi ocasional carroza con la antelación suficiente como para saborear el ambiente de la capital. De esta manera puedo observar a través de los ventanales de las cafeterías a los camareros enfundados en sus uniformes de los años sesenta, puedo cruzarme con las señoras de clase bien con su caniche en ristres o puedo escuchar alta y clara la conversación por el móvil del engominado de turno con su blanco alzacuellos y su camisa rayada.



Tras este protocolario baño de castellanidad, me adentro en la estación para cruzarla de extremo a extremo en actitud casi litúrgica. Este siempre interesante transito por los intestinos de la bestia garbancera me permite alargar el contacto con la realidad del mundo inmóvil antes de subirme al caballo de hierro que ha de llevarme a la civilización. De nuevo me dejo llevar por mi pasión por los detalles para no dejar de fijar mi mirada en actitudes que siempre transfieren una marcada sensación de temporalidad. En la estación todo se mueve, nada está quieto, todo se  vende y ahora ya casi nadie compra.

Busco el billete guardado siempre a buen recaudo en la solapa del traje y me mimetizo entre el gentío que como yo, de manera frecuente u ocasional, viven enfundados en un mono de trabajo diferenciado únicamente por el color de la corbata. Los señores guardianes del castillo me obligan a enseñarlo para acto seguido arrojar mi trolley, fiel compañero, a las fauces de la máquina de rayos X. El día que encuentren que me avisen…

Con el tiempo justo para echar un vistazo y comprar quizás algún tentempié en forma de bebercio o comercio, me dirijo al andén 4 donde encontraré mi puerta al “seny i la rauxa”. Quizá no tan idílico como el 9 ¾ de Hogwarts, el 4 de Atocha es un andén de habla catalana y cigarrillo de última hora donde se percibe igualmente una magia especial, la de aquel que deja un mundo de porras y caballeretes atrás.  

Tras la preceptiva pregunta sobre la certeza de su ubicación y la consecuente sorpresa del señor que ocupa tu asiento ante el error perpetrado, me coloco sin ambages en el sillón reclinable y bajo la mesita para colocar todos los instrumentos que no utilizaré.

Con puntualidad británica el tren se pone en marcha para regalarme dos horas y media de puro viaje. Pese a mi denodado esfuerzo por concentrar el cerebro en algo productivo, como ya llevan rato haciendo la gran parte de mis compañeros de vagón, caigo en brazos de Morfeo sin remisión a los 10 minutos de la salida. En el fondo creo que debe ser que Guadalajara me produce sueño. O eso o es que me hago mayor.

El despertar me devuelve a mi sitio con energías renovadas. Es ese el momento de enfrentarse al dilema de saber en que gastaré este viaje. Las opciones son claras, o bien me lanzo a escribir en el bendito Notebook con el que genero estas líneas o bien me lanzo a leer en cualquiera de los gadgets que me acompañan a todas partes.

Que haga una cosa u otra siempre dependerá de mi compañero de viaje o, más bien de su ausencia. Si alguien me acompaña al lado leo y sino escribo. Así de fácil. Lo que escriba o lo que lea ya es otro tema.
Levanto la vista tras el hipnótico viaje, tanto físico como mental, gracias  al chasquido de los viajeros al vislumbrar inquietos los arrabales de su ciudad. Ha pasado ya el tiempo de buceo intelectual fuente inagotable de creatividad para coger ideas, instruirse, aprender, relajarse o simplemente para escribir entradas en el Blog, novelas, ofertas o cualquier otra cosa.

En un abrir y cerrar de ojos me encuentro subido a mi moto cruzando ágil la ciudad rumbo a casa. La sola imagen de mi familia me hace sonreír como un bobo durante todo el camino y no es para menos ya que los sinceros abrazos que nos esperan a todos a mi llegada son la merecida recompensa a las horas separados.

Besos, fin de trayecto y fundido en negro. Hasta la próxima.

26 de noviembre de 2012

Mil gracias


Gracias a quien quiera que sea que tenga que dar las gracias por darme la oportunidad de mantener esas conversaciones de vértigo con mis hijos. Cada día son mejores las cuestiones pseudofilosóficas y argumentaciones usadas por esos dos pre-prepuberes para intentar enterarse de las cosas de la vida. Hijitos…

Gracias otra vez a quien… bueno, a ese, esa o eso por ayudarme en el momento adecuado, hace ya bastante por cierto, a centrar mi mirada sobre la mujer con la que comparto mi mundo para convertirlo en un nuestro mundo. El aguantarme puede considerarse fácilmente un acto de fe y esa mártir que tengo por esposa desempeña ese papel a la perfección. Santa maddona…

Gracias a mis respectivas familias con las que interactúo a menudo, tanto la natural como la política, por ser unas personas normales, decentes y cabales. Es de agradecer sobretodo el que todos se hayan abstenido de ser unos serial killers o depravados de cualquier tipo pese a la enorme oferta, y creciendo, para cubrir esas posiciones en la lúgubre sociedad moderna. Impasibles al ademán…

Gracias a mis amigos, personas afines y allegados varios por hacerme sentir con ganas de conversar, reir, criticar y/o simplemente razonar lo que provoca que no se me seque el cerebro. Es solo por ellos que todavía no he perdido la ilusión por ver como la condición humana sale algún día del pozo de la inopia donde se encuentra instalada. Veamos…

Gracias a los poderes fácticos por ponerme las cosas difíciles y obligarme a agudizar el ingenio para cuadrar las cuentas de la difícil economía doméstica. El trabajo de ingeniería económica que llevan a cabo los diferentes banqueros, empresarios, prohombres y capitostes varios de este país para mantener su nivel de vida sin importar los medios (ni sus clases) es ciertamente digno de mención y únicamente equiparable al empeño y tiempo que pone el Joker para eliminar a Batman o al correcaminos para atrapar al Coyote. Loable…

Gracias a los medios de comunicación por intentar denostadamente que todo el mundo, y seguro que especialmente mis familiares, se conviertan en unos asociales con marcados rasgos suicidas y/o psicopáticos. La calidad de los contenidos audiovisuales (no todos pero si la mayoría) que generan es inversamente proporcional al nivel intelectual demostrado por quien los decide así como el público objetivo al que quieren dirigirlos y que, lamentablemente, aún son la mayoría silenciosa de ese país. Si es que se lo ponemos fácil…

Gracias a los políticos por tener tan pocas luces y tan poca vista a la hora de hacer lo único que se les manda, gestionar. De esta manera permiten que las cosas se precipiten, que la gente piense (aunque parezca mentira) y que el cabreo se generalice. Serán…

Gracias a los libros, cómics, series, imágenes de gatitos y demás elementos capaces de hacer que me abstraiga y visualice buenos pensamientos muy lejanos de la ideología gris y lúgubre impuesta por el Gran Hermano (el global de Orwell no el de Telecinco, se entiende). Me gustar creer que aún hay gente creativa que piensa en los demás y que por un módico precio nos venden la píldora roja que nos muestra la cara amable de las cosas. Droga dura oiga…

Gracias a la Navidad que acude fiel a su cita para recordarnos que debemos ser felices, que el amor está en el aire y que, ante todo, debemos consumir de todo como si nada estuviera pasando. Los múltiples gorditos enfundados en sus calzones rojos serán de nuevo testimonios de momentos mágicos como el de la familia con todos sus miembros en paro tirando del carro lleno de paquetes de “Toys r us” y coronado por el sempiterno patanegra. Que no falte de ná…

Y gracias a todos vosotros por tener la paciencia de leer estas líneas hasta el final aun sabiendo que la calidad de la entrada es de cinco pelado. Pero es que la idea del día de acción de gracias me ha cautivado este año y me ha llevado a mostrar mi agradecimiento por aquellas cosas que realmente importan. Si es que en el fondo soy un sentimental. Hasta pronto.


12 de octubre de 2012

La insoportable suciedad de la mente

Advierto a los avezados lectores de este blog, raza extraña a la que nunca me cansaré de darles las gracias por esa inexplicable preferencia suya de leer estas líneas por delante de otras muestras inequívocas de la alta cultura como Sálvame Deluxe o Quien quiere casarse con mi hijo (pongan aquí un smile con cara de sorpresa), que la entrada de hoy va dirigida a los machos camachos de abundante pelo en pecho que se encuentran cercanos a la crisis de los cuarenta o, como un servidor, están intentando salir de ella. ¿Será la solución a todas mis dudas existenciales el comprarme una Harley Davidson y lanzarme a la N-340 enfundado en cuero? Dudas, siempre dudas…

Día tras día la diferencia de edad con las modelos de lencería que aparecen a bocajarro en las revistas o las mujeres de bandera que sin compasión te miran a los ojos desde colosales anuncios en la calle, es insalvable. Y eso duele… Los designios de la moda además no juegan a favor del género masculino. Mientras nosotros seguimos enfundados en el clásico binomio pantalón-camisa con pocas o nulas posibilidades de variación, la mujer dispone de una amplia gama armamentística a la hora de lanzarse a la vida diaria para, a partir de la simple insinuación de sus atributos, acercarse a la viva imagen de una Diosa. Y mi señora esposa es un claro ejemplo de ello. Hay muchos días que, casi sin querer y de manera instintiva, me acerco a ella para preguntarle si estudia o trabaja mientras con la fregona voy recogiendo el reguero de mi babilla descontrolada.      

El resultado es evidente. Las distracciones de la mente al salir a la calle son numerosas y es entonces cuando más consciente soy de que me estoy haciendo mayor. Tomando como referencia al ilustre filosofo castellano Antonio Resines y su prolífica obra, sintetizada sin duda con acierto en la serie divulgativa “Los Serrano”, el grado de suciedad que va alcanzando mi mente con el tiempo comienza a suscitarme una cierta desazón. En silencio vivo atemorizado con la imagen del viejo verde que, de manera natural pero patética a los ojos del resto del mundo, lanza miraditas y piropos a las jovencitas de pantalón de cuero y botas altas. ¿Es ese mi destino sin remisión? ¿Tiene que ser pantalones o puede ser directamente minifalda?



Gracias a Dios tengo la gran suerte de moverme habitualmente sobre dos ruedas lo que minimiza el contacto con el mundo real infestado de “distracciones” y lo relega a un visionado fugaz a través de una visera. De alguna manera podemos afirmar rotundamente que el mundo del motociclismo está jugando un papel determinante en el cuidado de mi salud mental. Pero el cruel destino (y el ayuntamiento de Barcelona) ha decidido poblar la ciudad de viles semáforos que sin opción alguna de rebeldía por mi parte me obligan a parar de vez en cuando y fijar mi atención en el voluptuoso espectáculo del mundo. Y es en ese momento vulnerable cuando mujeres altas, bajas, rubias, morenas, jovencitas o MILFs pasan sin compasión por el paso de cebra para cruzar de lado a lado de la calle ajenas a los pensamientos, algunos castos otros impuros, de todos los motoristas y conductores entre los que me incluyo. Nota del autor: Siempre es mejor meter a más gente y repartir las culpas cuando se trata de algo un poco comprometido.

Al menos con el tiempo, mientras la suciedad aumenta, he aprendido que todos los cruces no son iguales. Así, mentalmente voy trazando un mapa en el que catalogo esos momentos placenteros y que me permiten constatar que los barrios altos disponen de una alta densidad de belleza por metro cuadrado. Deleznable (pensarán ellas, sobre todo si no viven en los barrios altos) y práctico (pensarán ellos, con independencia de donde vivan).

El destino es cruel, afirmaba antes acertadamente. Lleva al hombre, avanzando lentamente y sin remedio, hacía la más absoluta sumisión al género femenino, a su inestimable comprensión, a su saber estar, a su exquisita fineza y a sus virtuosas dotes e inmensos atributos ¿O era solo hacía los inmensos atributos del género femenino? Sucia, realmente sucia esta última reflexión.

Acabo esta entrada reflexionando sobre el futuro y lo que nos deparará. Sé que éste depende únicamente de cómo se tome mi mujer esta profunda reflexión que aquí vierto y de la valoración que haga de mi acertada alusión a su inconmensurable belleza (¿Me he pasado? ¿Es demasiado poco para tanta mujer?) Si no siempre me quedará mi fantástica motocicleta y una ciudad con muchos cruces aún por descubrir.

Les dejo, recomendándoles a los machos camachos que eviten pasar por Paseo de San Juan con Diagonal...  No se les ha perdido nada por allí.

6 de octubre de 2012

Suave y dulce lobotomía


A menudo disfruto del visionado en familia de ese simpático gato cósmico al que nosotros, los abnegados padres con televisor en casa, llamamos Doraemon. Ese maravilloso mundo de colores que se abre ante nuestros ojos día tras día es vilipendiado sin ningún respeto por parte de los canales de televisión quienes sin ninguna piedad, atisbo de remordimiento o el menor y absoluto decoro repiten los episodios hasta conseguir marear al mismísimo Stephen Hawking (un señor muy listo que se desplaza en una silla de ruedas que no corre a más de 10 kilómetros por hora) y su teoría de la curvatura del espacio-tiempo. ¿He visto ya este episodio? ¿Otra vez este? ¿Pero no se había acabado ya? ¿Qué extraña y misteriosa relación guardan con los retículos endoplasmáticos? ¿Alguien ha leído a Stephen? ¿Es el bloson de Giggs la particula de Díos? ¿Dónde están las bolsitas para el mareo?

La silenciosa incitación a la epilepsia que nos regala ese festival cromático sin parangón es sin duda un poderoso reclamo para los reyes de la casa. La segura antesala a la lobotomización que tarde o temprano ha de llegar a juzgar por sus babitas y mirada vidriosa nos hace estar alertas a los esclavos de la casa. Pero no podremos nunca negarle la mayúscula aportación al desarrollo de la humanidad, al progreso tecnológico y al crecimiento de nuestra civilización. Me refiero evidentemente a cómo esos inocentes y  simpáticos dibujitos inculcan con esmero a nuestras mentes en desarrollo el paradigma del desplazamiento en el espacio-tiempo.

Para aquellos que no están familiarizados con tan magna serie de dibujos, el gatito robótico dispone de un mecanismo similar a las bolsas del IKEA insertado en su bajo vientre del que va sacando diversos objetos, a cual más esperpéntico, que le sirven para que su amigo Nobita Nobi (¿Para cuándo un Oscar o un Tony para Nobita Nobi? Justicia ya…) vaya ejecutando diversas putaditas a sus congéneres. Todo ello está amenizado con saltos en el tiempo al más puro estilo Dr. Who pero sin cabina de teléfonos, gran error de la serie que seguramente le ha costado no captar la atención de la comunidad geek británica. ¿Alguien ha visto Dr. Who? Es imposible que no la hayáis visto. Sobre todo si vivís en Sussex…

Para aquellos que no están familiarizados con el paradigma del desplazamiento en el espacio-tiempo, estudien por favor, estudien.

Espero con fruición el día que, gracias al constante visionado de la caja tonta (por cierto, deberíamos ir generando nuevos eufemismos señores de TVE ¿Caja tonta 3.0 tal vez?) pueda mantener una conversación de alto nivel intelectual con mis hijos que permita posteriormente el diseño y construcción de un reactor nuclear casero o un transmutador temporal (con condensador de fluzo evidentemente) el domingo por la tarde. Ya saben, para aprovechar las horas muertas mientras escuchamos Carrusel Deportivo.

Aplaudo de este modo hasta la casi combustión espontanea de mis palmas lo acertado de atiborrar con miles de horas de dibujos animados e incontables canales para generar una oferta de entretenimiento juvenil difícil de eludir. ¿Quién necesita ya clases de refuerzo, extraescolares o mandangas varias cuando Doraemon nos puede explicar de manera sencilla las leyes esenciales del Universo? Mi estado de excitación intelectual me permite esperar ilusionado el seguro día en que los niños vendrán de serie con algún puerto USB donde conectar tanto la televisión como la videoconsola, ese gran aparato que nos permite en casa rellenar las aburridas horas que no pasan instruyéndose delante de la puerta a otra dimensión que es la tele ¿Alguien ha visto Poltergeist?



Lo único realmente lamentable de todo este asunto es lo feo que queda ponerse a quemar libros en la calle. ¿Alguien ha leído o ha visto la película Farenheit 451? Lamentablemente, las estanterías IVAR, LERBERG, VITTSJÖ u otras de impronunciable nombre del IKEA tienen una capacidad finita para guardar esos trastos inútiles en que se van a convertir los libros cuando todo el mundo tome finalmente consciencia del poder mesiánico de Doareamon y el resto de la oferta de entretenimiento juvenil altamente formador, divulgativo y científico en forma de bonitos dibujitos. ¿Alguien ha estudiado la serie Fan Boy y Chum Chum? Enriquecedora, altamente enriquecedora…

Amigos lectores, tendré que comenzar a pensar en evolucionar y generar un videoblog para captar a vuestros hijos. De otra manera no estoy seguro de poder llegar correctamente a las nuevas generaciones y desarrollar mis planes de lavado de cerebro colectivo que me permitan influenciar en la cesta de la compra y la cartera de sus padres. Ups… ¿He escrito yo eso?

Sin más, ha sido un placer pero debo dejarles ahora. El maratón de Doraemon está a punto de comenzar y no quiero hacer esperar a los señores de la unidad de reanimación y primeros auxilios que he contratado por si las moscas.

さようなら

11 de septiembre de 2012

El final de verano

Tras un largo periodo de letargo acompañado de reiterados y repetidos llamamientos espontáneos de mis más fervientes admiradores (gracias madre, no sé que haría sin su apoyo...) para que abrace de nuevo el deporte de aporreamiento de tecla amateur, me lanzo de nuevo a la arena bloguera para acabar así con la sequía de casi dos meses dejándoles descansar.

Y durante todo este tiempo uno no ha estado brazo sobre brazo si no que ha intentado alimentar su espíritu e intelecto ejercitando el bello arte de la lectura, se ha cargado de buenas intenciones y nobles proyectos,  ha dejado volar su mente en bellos parajes y disfrutando de buena compañía y, quizás no lo más loable pero quizás si lo más importante para la humanidad, ha intentado avanzar en su denodado intento de escribir. Lamentablemente este último punto deja mucho que desear y la velocidad alcanzada durante este periodo de silencio ha sido, seamos sinceros, más bien paupérrima. Eso sí, la calidad de las páginas hasta hora es, sin lugar a dudas, ambigua. Entiendo que esto debe ser algo lógico e incluso parte de la sintomatología cuando te dedicas con asiduidad al tema y puedes catalogarte como escritor, pero cada vez que releo algo de lo escrito me dan ganas de cambiarlo sustancialmente. Eso ciertamente no es algo positivo en mi camino hacia el estrellato o, por lo menos, la finalización de mi primera y seguramente única novela. Tampoco ayuda el hecho de compaginar escritura y lectura principalmente cuando te gusta lo que lees e inevitablemente acabas pensando en que el estilo, la estructura, el mensaje, el hilo, la ejecución y en general mi obra podría virar ligera pero sibilinamente hacía terrenos pantanosos que, sin caer en el plagio, harían al lector más entrenado oler cierto tufillo de copia barata. Muy rápido no seré pero original quiero serlo un rato.

La verdad es que la estación tampoco ha ayudado. El verano es ciertamente embriagador en sus múltiples facetas, comenzando con el color de sus días y acabando por la simpatía de la gente en vacaciones. De igual manera, el horno en el que se convirtió la ciudad Condal no invitaba a sentarse frente al ordenador en una casa exenta de lujos en formato de máquina acondicionadora de aire, creadora de conflictos térmicos con la esposa y catalizador de catarros culeros veraniegos. Por último, la guinda del pastel la pusieron esos locos bajitos (algún día lo de locos se podía haber cambiado tranquilamente por cabrones, con perdón) que, a  medida que avanzaba la canícula y se acumulaban los días sin sentir en sus carnes la férrea disciplina escolar, más se semejaban a la niña del Exorcista, tanto en sus expresiones como en la falta o extrema ausencia de paciencia. Si es que así no hay quien escriba.



Sin más argumentos que me exoneren de mi falta de delicadeza y tacto al dejarles sin su nocilla intelectual, en mi defensa finalmente aportaré el dato de que alimenté el Blog con una nueva sección dedicada a los amantes de la lectura que espero y estoy seguro que habrán valorado (si hombre, la que hay al lado del Comic Tribute... la de los dibujitos), y que dedique largas horas a la creación y edición de video en una nueva salida de tono mental que se me ocurrió a mitad de verano coincidiendo con la picada de una medusa en las partes bajas, lo que estimuló centros neuronales que antaño desconocía que existieran y que provocaran tal lucidez. Tengo que reconocer que esto último es una licencia literaria que me he permitido para atrapar la atención del lector tras un rato de divagaciones. Les comunico que mis partes siguen en su sitio gozando de la buena salud de siempre aunque entiendo que este sea un dato que olviden rápidamente, sobre todo el sector femenino que no sea mi santa señora esposa.  

Quizás lo peor de todo siempre es la frustración que te asalta al finalizar el verano cuando recuerdas todos aquellos proyectos, pequeños o grandes, pero todos importantes y fuente potencial de buenas vibraciones que no pudiste realizar. Y escribo esta entrada  en un día cargado de sentimientos, simbologías y muestras de fervor en el que el mismo sentimiento de frustración se colectiviza y se representa en la voz de más de un millón y medio de personas reclamando un proyecto que todos tienen en mente.

El final de verano ha llegado y parece ser que el final de un ciclo colectivo también... Veamos cómo se capitaliza esa frustración. Si me necesitan ya saben dónde encontrarme. Este último comentario parece ser de nuevo una licencia literaria a modo de guiño la ambigüedad de mis escritos que el lector avanzado de P3 seguro que ha captado ¿o no?

19 de julio de 2012

Recuerda


Ayer acabé viendo una película. Y no, no fue la obra maestra de Hitchcok que da nombre a la entrada sino “American Pie: el reencuentro”. Una película de adolescentes americana convertida en saga de culto que, esta vez,  giraba en torno a la enésima fiesta en el gimnasio de un típico instituto del Medio-Oeste con la sempiterna bola de discoteca, ponche cargadito y mucha gente en smoking. Yo soy de los que defienden que desde “Carrie” no se ha conseguido una película decente de este tipo, al menos en lo que respecta al número de adolescentes muertos por metro cuadrado, parámetro determinante para entender y clasificar este tipo de género como se merece.



Durante años fui de los que se referían a este tipo de acontecimientos sociales con cierta sorna, pero con el tiempo entendí que debía ser provocado por el simple hecho de que nunca se celebró uno en el plazo de 25 años o que, en su defecto, nunca me invitaron a ellos. Debo expresar aquí que la terrible imagen de mis compañeros de jardín de infancia quedando para tomar cubatas sin que yo estuviera presente me ha atormentado cruelmente durante toda mi adolescencia. Seguramente fue por ello que la pasé de bar en bar acosando jovencitas y bebiéndome hasta el agua de la fregona… bonita excusa, si señor. Nota mental: usarla la próxima vez que salga de noche.

En este punto de exaltación de la más mísera mentira y mi pasado garrafonero, quiero expresar con orgullo que recientemente pude asistir a mi versión particular de reencuentro que, afortunadamente, acabó sin heridos pese a darse situaciones de extremo peligro como el dejar libremente a Álvaro Scarpino contar chistes o chascarrillos varios de la infancia.

En comparación con lo mostrado en la cinta norteamericana de abultado presupuesto y llena de referencias sexuales explicitas, nuestro pequeño jolgorio se pareció más a una reunión de la congregación de beatas descarriadas de Santa Teresa de Jesús. Pero es que los americanos tienden a exagerar mucho, a hacer todo a lo grande, a ser francamente escatológicos… y por mucho esfuerzo que pusimos (puedo atestiguarlo) no conseguimos alcanzar el nivel de desenfreno para pasar del nivel 1 de pardillo semilobotomizado al nivel 2 que todos los varones asistentes ansiábamos y que, de acuerdo al cliché aportado por millones de películas de adolescentes americanas, permitía visionar tetas a tutiplén. Toda una lástima.

Todos guardamos recuerdos de la época del colegio que son revisados al alza con el tiempo y que sin compasión son desmantelados en el transcurso de estas reuniones para ponerlos fielmente en su sitio. Al tercer cubata caes en la cuenta que tú nunca fuiste el que se enfrentó al compañero que ya se afeitaba o el que le pidió para salir a la guapa de la clase, y que por el contrario te metieron en el cuarto de baño para depilarte las cejas con un cutter. Es que de niños se hacen unas cosas. Angelitos…

Otro eje fundamental de estas reuniones es la inevitable revisión de las tendencias amatorias que en su día tiernamente albergamos como amateurs de la vida que éramos. Se recuerda sin compasión las largas tardes intentando cogerle la mano a aquella chica en el cine, sin que ella nunca llegara a pensar (o si, la muy listilla) que la mano era lo último que queríamos cogerle. Se revive encarnizadamente aquellas partidas a muerte de “verdad, acción o beso” que pensabas debían ser la antesala de un tórrido romance y en las que acababas teniendo que reconocer públicamente que aún veías el libro gordo de Petete. Por la maciza, claro está…

La cuestión es que el tiempo pasa para todos, nos guste o no. Lo peor es que a ellas los cuarenta les sientan de maravilla y a nosotros nos han dejado con menos pelo (algunas melenas se quedaron sin remedio en el camino), con más kilos (algunas, bastantes, cervezas han caído irremediablemente por el camino) y con la mente más sucia en nuestro camino hacia convertirnos en unos simpáticos y majetes viejos verdes.

La vida es maravillosa cuando se comparte con gente. Y además es brutal ver como el paso del tiempo no es obstáculo para comprobar que la buena gente continua siendo eso, simple y llanamente buena gente. En el fondo me da igual lo que pasó en el colegio cuando aún no sabía que sería de mi vida con tal de que pueda seguir manteniendo mis recuerdos de cartón piedra y pueda sentarme con mis amigos para destrozarlos. Mientras, esperaré pacientemente a que las mujeres pierdan su atractivo (cosa harto difícil) para que dejen de volvernos locos y a que los hombres nos de por hablar de dentaduras postizas en vez de intentar alcanzar denostadamente el nivel 2.

Y recuerden. Los recuerdos son siempre peligrosos. Ponerlos en común con la gente que sale en ellos puede ser delicioso...

16 de junio de 2012

Quédate quieto y disfruta


Punto número uno: Una amenaza inapelable. La parálisis por el miedo, la parálisis por el análisis, la parálisis del sueño o simplemente la de la conducta, de la iniciativa o del ser. Bucear por internet es un placer para encontrase con todas estas joyas que muestran lo complejo de quedarse quieto con la intención de defecarse encima.

Punto número dos: Una posible solución. Todo esto viene derivado de la nueva y expeditiva idea que estoy madurando de iniciarme en el arte de la meditación zen. Saca de tu cabeza todas aquellas influencias negativas que no quieres que te corroan por dentro lo que, tal como nos están bombardeando día a día, estoy seguro requerirá de un Bulldozer mental para conseguirlo. En este sentido, doy las gracias a todos aquellos simpáticos medios de comunicación que pelean por su parcela de protagonismo y dividendos con la creación de titulares cada vez más sensacionalistas, menos elaborados y más directos como “El calentamiento puede destruir el progreso conseguido en 60 años”, surgido de la transcripción de las declaraciones de cualquier persona que quiera conseguir ya mismo sus minutos de gloria mediática.



Punto número tres: La evidencia. Hables con quien hables, la conversación inevitablemente derivará siempre en un dialogo depresivo sobre la situación actual de (Nota del autor: Póngase aquí cualquier cosa que le interese mínimamente) y su profundo deterioro, aderezado finalmente con una optimista reflexión de que las cosas no van a mejor. Rumbo a la destrucción masiva de valores, el Mad Max moderno de la sociedad actual…

Punto número cuatro: El autoconvencimiento. De este modo y cual resorte ocasionado por la universal ley de acción-reacción, me veo absolutamente necesitado de buscar la manera más adecuada de poner remedio a este ciclo negativo con la única y sana intención de mantenerme cuerdo para poder seguir pagando mis impuestos al Estado. Esa es mi única intención. Bueno, esa y poder llevar la comida a la boca de mis vástagos regurgitando cual ave que sale del nido cada día para buscar algo de carroña. Analizando la realidad uno se da cuenta de cuan cercano a la realidad de la última afirmación, cojo el AVE cada mañana para ir a hablar con carroña, lo que normalmente me hace vomitar de asco, para poder ganar unos eurillos que inexorablemente se va a llevar Hacienda. Cómo la visa misma… Así que, de cara a poder blindar mi mente e impermeabilizarla de tan brutales y constantes agresiones a mi integridad, me veo con la única alternativa posible de quedarme quieto y dejar de pensar. A la caza de un bello e irresistible encefalograma plano que aleje de mi el stress, la preocupación, el miedo, la mala leche, el mal karma y todos esos recuerdos tóxicos del concurso de Eurovision que seguro andan escondidos en algún recoveco de mi cerebro.

Punto número cinco: Por el culo te la … Las opciones eran mínimas. Era eso o la vieja estrategia del avestruz el cual enterrando la cabeza en la tierra se aísla fácilmente de su entorno. El único y evidente riesgo es que se deja, como se dice simple, llana y gráficamente, el culo al aire para que cualquier degenerado cargado de vaselina aproveche la situación. Y lamentablemente hoy en día si hay algo de lo que este país no anda falto es de degenerados. Solo hace falta leer los diarios para comprobar cómo durante unos cuantos años han campado a sus anchas ¿Está de acuerdo conmigo señor Rato? Seguro que si…

Punto número seis: Aaaaah amigos (Nota del autor: léase como lamento cargado de un aura de suspiro apesadumbrado). Les confieso que siempre que puedo me gusta expresarme con refranes, obviedades o frases hechas. Es todo un reto. Incluso, cuando los astros son propicios, intento mantener conversaciones basadas únicamente en informaciones plagiadas del rico ideario popular. Para esta ocasión podemos echar mano de algunas míticas como aquella frase del grupo de rock ochentero “Ante todo, mucho calma”. O aquella frase que un gran amigo malagueño me espetó un día “Si tiene solución ¿porqué te preocupas?. Si no tienen solución ¿porqué te preocupas?”. Es ahora cuando puedo imaginar claramente a los grandes monjes Zen recitando mantras basados en sus inevitables visitas a los bares patrios, fuentes inagotables de sabiduría popular, entre carajillo, faria, anis y la cabeza rapada.

Punto número siete: El aprendizaje. Lo único que me resta en tamaña gesta intelectual es aprender a meditar. Se me antoja que eso debe ser fácil desde el momento en que encuentras un curso completo en un lugar llamado wikiHow o compruebas como el YouTube está infestado de personajes invitándote a ponerte cabeza abajo al más puro estilo “Aparte los malos pensamientos de su mente, pregúnteme como” o “Pierda sus pensamientos sin esfuerzo, sin efecto rebote”.

Punto número ocho: Con esto y un bizcocho, hasta mañana… Por último, una seria advertencia. No confundan nunca la meditación Zen con el pensamiento positivo. Mientras la primera se basa en tirar al retrete los malos pensamientos para dejar la mente limpia y pura cual bebe, la segunda solo busca rellenarla de ideas vacuas del tipo “Vives en un mundo con un promedio de 80% de pensamientos negativos. Desde este instante puedes abandonarlo y hacerlo un mundo mejor con fe y esperanza” que, rayando el autohipnotismo, te alelaran un poco más. Eso si, con una sonrisa en la boca.

Analicen estas palabras mías y mediten sobre ellas. Ya verán que en el fondo son obviedades. Se lo advertí…

4 de mayo de 2012

Lectureando

Hola de nuevo estimados seguidores. Me consta que de la horda inmensa que conformáis todos juntos y que dispuestos en la manera adecuada a buen seguro me impediríais vislumbrar el horizonte en un día claro de primavera, solo una pequeña cantidad os mostráis abiertamente en el widget habilitado a tal efecto por este invento del Blogger. A vosotros, gracias por no tener miedo al escarnio y a la befa pública que de vosotros podrían llegar a hacer las redes sociales al enterarse de esos hábitos vuestros de leer a blogueros mediocres de medio pelo.

A los que me sufren en silencio y en la sombra, gracias por un lado y palabras de ánimo por otro. Que sepáis que en este país, el escarnio y la befa son moneda de cambio común y hay para todos, que entre leer la revista de Ana Rosa y este blog, me decanto claramente por… que eso, que hay para todos.

Y es que hoy he venido a hablar de mi libro. Muchos de vosotros habréis asociado esas palabras con un señor con gafas. Que sepáis que yo también llevo gafas y no por eso voy a lanzar exabruptos, aunque podría. Podría emitirlos sin parar ya que esto de escribir una novela es algo arduo y difícil. Para aquellos que no sepan de lo que hablo (¿seguidores en la sombra quizás? ¿Lectores ocasionales? ¿Pequeños lectores? ¿Gente que se engancha con cualquier cosa?) les comento que hace algunos meses escribí una entrada en la que anunciaba el inicio de mi andadura como escritor o, al menos, el inicio del intento. Les invito a que busquen la entrada, así de paso van revisando las otras y quizás se convierten en asiduos.

Gracias a Dios que cuando estás exhausto, cuando las musas te abandonan como el desodorante, cuando más empinada parece la cuesta… zaaaaas… llega Sant Jordi y te recarga las pilas. Este año ha sido especialmente sublime ya que, cosa que no hacía en muchos años, he conseguido darme una vuelta más o menos tranquila para hojear libros. No contento con ello y en un estado de semieuforia me atreví a comprar uno de carne y hueso. Ya saben. Desde que me regalé el lector de libros digitales, ése es un privilegio que concedo a unos cuantos elegidos.

En este caso el agraciado fue “Morirás mañana” del que ya solo el nombre me parece el colmo de lo atractivo. Pero en este caso lo mejor no fue ni el nombre ni las más de 600 páginas repletas de letras (como lo oyen… incluso creo que con interlineado sencillo). Lo mejor fue la charla que mantuvimos Jaime Bayly y un servidor, seguramente debido a que el novelista es, pura y llanamente, un monstruo en el arte de transmitir sentimientos impresos y un comunicador fuera de serie. Abusón.



Esos cinco minutos fueron sin duda todo una recarga directa de las raíces neurotransmisoras responsables de mi habilidad para escribir historias. Si, ya saben, esas cuatro neuronas justo detrás del lugar donde almaceno todos los capítulos de Friends y al lado mismo de la responsable de mi habilidad de simular pedos con el sobaco. Que Dios la conserve siempre en forma. Y todo gracias a un consejo tan simple como complejo de llevar a cabo, nunca dejes indiferente al que te lee y provoca sentimientos a través del relato, sean cuales sean pero con la mayor intensidad.

El resultado ha sido por el momento un aumento desaforado de las ganas de escribir que lamentablemente no se han concretado. Para no defraudar a nadie, especialmente a mi, tan solo espero ser capaz de autoaplicarme próximamente una alta dosis de presión para conseguir alcanzar un ritmo de 1 página al día. De esta manera espero tener una fantástica novela de 200 páginas (interlineado de 1 y medio mínimo, no fuéramos a aburrir) antes del final del año… de algún año mejor.

Les dejo ya esperando que su lectura haya llegado hasta aquí, signo inequívoco de que voy por el buen camino. ¿Ha habido alguna sonrisa? ¿Una leve mueca? Pues por hoy el objetivo se ha cumplido. Iremos progresando.

Sigan leyendo, aunque sea en el baño…

Por cierto. Acabo de ver que esto del Blogger tiene estadísticas de uso, de accesos, de talla de camiseta… vaya, de todo, así que donde pone lo de horda inmensa léase reducido grupito de irreductibles.

6 de abril de 2012

El discreto encanto de lo apretado

Permítanme distinguidos lectores ocasionales que, con la llegada de la primavera y de manera reincidente cual marmota Phil en Febrero, vuelva a regodearme en uno de mis temas preferidos, la estética… de los demás, claro está.

La belleza está en el interior dicen algunos. Curiosamente son aquellos poco agraciados y llenos de granos lo que más abogan por defender tan alta reflexión. ¿Coincidencia o simplemente  demagogia? Se nos brinda aquí en bandeja un rico, profundo y amplio debate del que huiremos para centrarnos única y banalmente en un estereotipo relacionado con la belleza interior que, por su trascendencia, puede llegar a causar alarma social o al menos un ligero escalofrío.

La mujer neumática o la innegable existencia de gente, generalmente del género femenino, a la que la belleza la rebosa externamente y de manera ostentosa, hacen que la lucha encarnizada entre la portentosa cacha y el diminuto pantalón sea algo digno de ser analizada. Las curvas resultantes de tan arriesgada práctica a menudo son contrarias a las leyes más elementales de la física y son, con toda seguridad, las causantes silenciosas de serios estragos en más de un sistema básico corporal.

Pero no juzgaremos aquí la asombrosa elasticidad de los materiales, la conjunción cromática de las prendas o la bondad fisiológica de llevar 6 tallas menos sino que haremos hincapié en el fino matiz que separa la grandeza y la majestuosidad de un cuerpo jamón del más puro atentado al buen gusto y la segura ausencia de espejos en casa.

La jamona, esa semidiosa tantas veces representada por Robert Crumb en sus comics setenteros, juega en primera división segura de sí misma. Con sonrisa socarrona despliega por la calles hábilmente sus encantos, arrancando de sus víctimas masculinas con cada zancada de sus largas piernas una nueva mirada furtiva.


La nalga brasileña o la voluptuosidad teutona no tienen rival ante el patético despliegue neumático de la mujer que, rechoncha y sin cintura definida, se embota en un pantalón de cuero para adornarlo con una lorza a modo de cinturón cual Poli Ejido de la liga de la lívido masculina. Así, las armas de seducción esgrimidas por el michelín centroamericano o el rollito mandarín no pasan de un simple tirachinas en comparación con el arsenal de la jaca toledana.

Los flotadores asoman sin pudor ni aviso previo por encima del pantalón o el diminuto top enmascarando apenas toda la supravalorada femineidad mientras las prendas de colores chillones hacen juego con el colorete de sus mejillas y la pelusilla de su bigote. De esta manera, sin quererlo pero seguramente influenciado por estas fechas, viene a mi mente la imagen de una colorida mona de Pascua a la que solo le faltan los huevos, los cuales si lo pensamos bien no desentonarían en absoluto con la androgeneidad del conjunto.  

Y hablando del genero varón, éstos no se quedan a la zaga en cuento a apretarse los machos. En su juventud, el hombre intenta denostadamente mostrarse viril y masculino ante la hembra, no dudando ni un instante en recurrir a la camiseta de rejilla sin mangas o en su defecto a la sempiterna camiseta imperio. En su camino hacia la madurez, éste comprueba como todo su ser se esferifica cual tortilla de patatas en el Bulli y se convierte sin remedio en Bibendum, aquel simpático y rollizo muñeco de Michelin que ya en 1898 el artista Marius Rossillon dibujó seguramente influenciado por el avistamiento de uno de esos hombres o mujeres neumáticas.

Ya he avisado de que, de manera cíclica y casi enfermiza seguro que dirán algunos (¿verdad Willie?), vuelvo al mismo tema. Me regodeo sacándole nuevamente punta y revisando los detalles que quizás en el pasado pasaron desapercibidos. Con todo, reviso anonadado las entradas del Blog y ciertamente estupefacto advierto que es la primera vez que escribo sobre ello abiertamente. Debe ser que mi mente me juega malas pasadas cuando se trata de la valoración estética del mundo y los michelines que me rodean.

Tema ciertamente espinoso para algunos que vamos ganando peso con el paso del tiempo rumbo hacia la esferificación. Tema ciertamente cruel para aquellos que tenemos ojos y una señora esposa con la que caminamos del brazo dispuestas siempre al comentario mordaz al paso de la jamona. Tema ciertamente escabroso para los que salimos poco y nos parece que siempre acabamos en el hábitat natural de la mujer neumática.

Difícil ejercicio este de la imagen en el que al despejar la incógnita para conocer el valor de la talla, ésta siempre tiende a infinito. Asombroso y cierto a la vez…

1 de abril de 2012

No lo entiendo pero nos están vigilando

Alarmante créanme, sinceramente alarmante. Con este simple mensaje quiero compartir con ustedes mi estupor y más profunda desazón ante el desamparo en que me encuentro con el avance imparable de las tecnologías, aquellas que algún día fueron nuevas y que ahora mismo podríamos rebautizar como fresquísimas oiga.

Persona inquieta y curiosa que soy, siempre intento estar al tanto de lo que pasa en el mundo de la tecnología. Lamentablemente, la rápida velocidad a la que se la libra la batalla por la innovación en este campo hace que cada vez me encuentre más cerca de la imagen del abuelete en el pazo asturiano al que le preguntan por la muerte de Franco. No tengo remedio. Me estoy desincronizando a marchas forzadas pese a mi denodada resistencia y mi grito de “no pasarán”.

Lo peor de todo no es ese incipiente olor a naftalina cibernética. Es el simple hecho de que hay momentos en que mi intelecto no alcanza a comprender algunas cosas que aparecen en la pantalla de alguno de mis múltiples dispositivos. Y es en esos momentos en que vacilo en pensar si soy yo o es el entorno el que está degradándose.

Tengo el honor de ser uno de esos viejos carrozas que comenzaron a navegar por el internet (nunca olviden el articulo precedente por favor, le da mayor empaque a la red) con Netscape, accediendo con expectación a cada una de las nuevas páginas que se abrían. Desde entonces he percibido una cierta evolución. Llámenme perspicaz pero ésta, a mi modesto entender, ha sido bastante caótica y basada en una simple metodología de prueba/error.  

¿Qué ha podido pasar entonces desde los cinco minutos en que tardaba en cargarse una página cualquiera en Netscape hasta la instantaneidad del momento en que Friend Connect de Google te pide poder usar tu cuenta de twitter? Ni idea oiga, la más absoluta inopia por mi parte. Lo único que se es recientemente una conocida aplicación de mensajería instantánea móvil gratuita envío un SMS (de pago) a una persona de mis contactos ofreciéndole usar la aplicación. ¿No es eso publicidad al más estilo puro SPAM? Son ese tipo de cosas las que no entiendo. O más bien no sé cómo hemos podido llegar a esto lo que no entiendo.


Ahora caigo… no es que no entienda el avance de la tecnología. Es que no comprendo las decisiones de las corporaciones y hombres de negocios que las lideran. Debe ser eso. Mi intelecto respira tranquilo entonces pero mi tubo digestivo está al borde del colapso. El temor al poder de estas grandes corporaciones han conseguido con el abuso de Internet y de la información que cada día por ella se transmite hace que la descomposición esté más cerca. Que listos aquellos que ven el futuro en la nube (el Cloud para los más cool) como solución a todos los problemas de la empresa… Muy buena jugada la de Google, Microsoft, Oracle... Hermanitas de la caridad tecnológica.

Por lo pronto y debido a mi dependencia de cacharros y conexiones al ciberespacio profundo, me veré obligado a jugar en esta liga de villanos, permitiendo sin que yo me entere de que usen mi cuenta de noseque para conectar con nosequien, no teniendo alternativa a que se lea el contenido de lo que escribo en mis correos o mensajes cortos y pagando la vaselina como peaje para ser un hombre conectado. Y todo ello sin que llegue nunca a entender, no la evolución ni la innovación de una ciencia sino del negocio que se genera a su alrededor y que marca completamente el futuro. Si no es rentable nunca aparecerá una innovación. Si puedo hacer que se equilibre la brecha digital en el mundo y con ello generar millones de nuevos consumidores, adelante… pero no mencionen la segunda parte de la frase por favor, que se me echan encima los escrupulosos. El otro día me hablaron del hardware libre y las placas base Arduino. Les aconsejo que lean un poco sobre ello para que cojan perspectiva y se les abra la mente al respecto al más puro estilo de película de conspiración americana.

Dios mío. He comenzado hablando de mi más absoluta ignorancia y acabo haciendo referencia al casi seguro descubrimiento de una ciberconspiración mundial… Tengo que escribir menos.

Sean buenos y conéctense con precaución. Respeten los límites y lean los acuerdos de licencia.

20 de marzo de 2012

Tributo al amor eterno

Estimados lectores. Permítanme que cambie de registro y que les adjunte un pequeño escrito que preparé para unos buenos amigos, Juan y Cándida, que van a cumplir 50 años casados. Da que pensar. Disfrútenlo y luego hablamos.

Os queremos explicar una historia que hemos rescatado de unos archivos secretos desclasificados del CESID. Dice así…

“Corre el tumultuoso año 1962. En el Centro de Inteligencia británico de la capital londinense, James Bond está reportando a sus superiores. Con la solo ayuda de un proyector, 007 está desgranando un complejo puzzle geopolítico que, como no puede ser de otro modo, pone en peligro la paz mundial. En un momento determinado, su voz se torna grave, lo que provoca en los asistentes un escalofrío.

-              Señores diputados, senadores, majestad… - comienza James – Este trabajo mío es un asco. Hace unos meses me tuve que jugar de nuevo la vida ayudando a la liberación del piloto estadounidense que cayó hace dos años en la URSS. Estoy hasta las mismísimas de caminar por el filo de la navaja en todo este tema de la independencia de Argelia. Incluso me da mala espina esos movimientos de tierra que están haciendo los cubanos… a ver si la vamos a tener y se les ocurre plantar misiles termonucleares, que me los conozco… que a estos cubanos les va la marcha.

-              No se queje 007 – le responde la reina de Inglaterra – Para eso le pagamos y le permitimos pasar largas estancias en España. Ya me han dicho que se lo pasa muy bien con tanto sol y paella en Barcelona. Pillín…

-              Ya me gustaría graciosísima majestad – le espeta Bond enfurruñado – Pero es de eso de lo que les vengo a hablar. Puedo estar metido hasta las trancas en cualquier rollo de la guerra fría e incluso meterme en una capsula espacial con rumbo a la luna. Pero este tema del caso “Lleixà” me supera…

Un murmullo generalizado se alza en la sala. Todos se miran estupefactos. La gravedad de sus palabras es alarmante ¿007 superado? ¿Está acabado o simplemente le ha afectado la sangría española? ¿Quién es Lleixà? ¿El nuevo superman? ¿El nuevo 008? ¿Podrán contratarlo por el régimen general o será un agente especial en régimen de autónomos?

-              El enlace secreto de Juan Lleixà y Cándida Martín es un caso demasiado complejo para mi y para el MI6 británico – comenta James con los ojos llorosos – Sé que están tramando muchas cosas y sinceramente no doy a vasto. Creemos que se han resuelto ser el modelo de familia perfecta y, con los datos en la mano, sabemos que pueden conseguirlo. La enciclopedia Larousse está cambiando su definición de amor para poder incluir una referencia a ellos e incluso colocar una foto de la pareja. La lista de cosas a investigar es larga ya que cada uno está resuelto a cumplir con los sueños del otro y a colmarlo de pequeños detalles en busca de la felicidad.


-              Siga, siga… espeluznante – le anima el Primer ministro británico.

-              Sin ir más lejos, en breve quieren tener su primer hijo y quieren que se llame Mamen. Nuestros contactos han interceptado igualmente transmisiones en las que afirman que no pararan hasta tener cuatro y conseguir los beneficios de la familia numerosa. Al respecto hemos desencriptado diversos nombres en clave, Jupe, Cristina y Carol. ¿Qué querrán decir? No estamos seguros pero estaremos atentos a cualquier movimiento en esa dirección. Hemos recibido también informaciones contradictorias relacionadas con el Concilio Vaticano II ¿o era en el Congreso Eucarístico de Barcelona? ¿Será una trama inmobiliaria o contactos con el Banco Ambrosiano? Vaya usted a saber, con Lleixà nunca se sabe… Después de un concienzudo análisis estamos siguiendo la pista de un cetáceo sonriente ¿o era algo relacionado con una Ballena Alegre y una pava? Bueno, la cuestión es que en nuestra bola de cristal hemos visualizado algo más o menos por Castelldefels. Seguiremos investigando.

Los asistentes siguen absortos la exposición de 007…

-              Existen además diversos personajes clave en la trama. Por ejemplo encontramos a Rita Martín, la hermana de Cándida. Creemos que ella es el contacto del grupo con la rama jotera-aragonesa que seguro está detrás de la reciente independencia de Samoa del Imperio Británico y de que Monserrat Caballé haya debutado en el Liceu. Además hemos identificado a Jordi Suñé quien aparentemente no tiene nada que ver con ellos. El ladino Suñé está jugando sus cartas para acercarse a Rita cual abejorro a la flor usando sus encantos naturales. En este punto vemos un posible punto de contacto entre Lleixà, Suñé y la industria del Turismo en España. Creemos posible una próxima reunión a tres junto a José Luis López Vázquez en la playa de Benidorm para fomentar el turismo entre las suecas. ¿O será de aquí unos años? El tiempo lo dirá…

-              La cuestión es que estamos seguros que el próximo 31 de Marzo va a suceder algo que tendrá que cambiar el mundo. Nuestros informadores nos han filtrado esa información que estamos tratando de confrontar con las maniobras por la independencia de Ruanda y Burundi, el juanete de Fidel Castro y su excomunión, el disco que están preparando los Beatles, la liga que seguro va a ganar el Real Madrid y los vientos de boda de Juan Carlos y Sofia.

Tras la exposición, un silencio incomodo se apodera de la sala. Los asistentes, acostumbrados a lidiar con crisis mundiales, no saben cómo digerir la información recibida. Juan y Cándida se van a casar… y no pueden hacer nada por impedirlo. Saben lo que eso significa, una nueva era del amor incondicional y la búsqueda de la familia feliz va a iniciarse a escala global.

Todos son conscientes de que la vigilancia a la que deberán someter a la pareja deberá ser estrecha. Durante los próximos años deberán pensar en micrófonos en los pañales de los niños, submarinos teledirigidos en la piscina de Castelldefels, minicámaras  en los langostinos del día de Reyes y unos cuantos más mecanismos de alta tecnología marca ACME. Y todo ello mínimo durante los próximos 50 años…”

Pues ya veis Juan y Cándida. Alguien os ha estado observando estos 50 años. Habéis sido el centro de atención y el espejo en el que mucha gente se quería ver reflejado. Habéis sido aquello que os habíais propuesto… un ejemplo de amor incondicional y una familia feliz. Voy a llamar a 007 para decirle que se puede jubilar tranquilo. Que no tenéis intención de dejar de quereros tan locamente como hasta ahora. Que deje de preocuparse ya que la era del amor hace tiempo que llegó y que el mundo puede dormir tranquilo…

24 de febrero de 2012

Are you talking to me?

Hoy mismo sin ir más lejos, encontrándome a lomos de mi briosa motocicleta revoloteando cual moscardón por las calles de la ciudad condal, me tope de nuevo con una escena cada vez más familiar en la que nuestra estimada Guardia Urbana (para quien no resida en Barcelona les diré que es el verdadero azote de los infractores del código de circulación) paraba a un joven acomodado en su scotter último modelo.

Ésta podríamos titularla "El señor insecticida amedrenta a la pobre mosquita" que bien podría formar parte del universo de éxitos del género chico (por el tamaño de los pantalones marcapaquete de los agentes) junto a otras grandes zarzuelas como "Hijo, llevas un piloto roto" o "¿No ha visto usted ese semáforo?".

En ella se ve como un señor con aspecto soberbio, altivo y patizambo (debido seguramente a la presión de los pantalones) se acerca con pasos lentos pero seguros hacia su presa escudándose tras los cristales ahumados de sus gafas de sol. El pobre diablo ya pavoroso y trémulo de por sí, inicia un balbuceo incontrolado ante la descorazonadora e imponente figura que se acerca. El castañeteo de los dientes es cada vez más evidente y en su mente solo una idea tiene cabida ¿Aguantaré esos deseos de micción incontrolada?

El representante en la tierra de la ley viaria se siente seguro. Lleva años de academia en academia preparándose para momentos como este. No han sido en balde las horas delante del televisor revisando los clásicos (Seagal, Van Damme, Norris, Bud Spencer, De Niro...) y los pedidos millonarios a la tienda Ray Ban. El espejo ha sido testimonio mudo de las caras inexpresivas, de la mirada penetrante... casi bizca, de dejar entrever esa encía, de esas frases cortas pero contundentes ¿Me estás hablando a mi?


Cuantas veces me ha venido a la mente la imagen del mismo agente llevándose el trabajo a casa como cualquier esforzado trabajador y padre de familia. Él cepillándose los dientes mientras interpela a su pareja por dejar la ropa en doble fila, todo ello con las gafas, el casco , las pantuflas, la camiseta de Homer Simpson y los calzoncillos boxer regalo del amigo invisible navideño. Pobrecillos ellos a los que les debe ser tan difícil poder hacer meritos que le permitan llegar a ser aún más macho, si cabe, lo que seguro la reportará el permiso para ponerse camisa negra, abrirse tres botones, colgarse un palillo de la boca y hacerse llamar Cobra.

En mi fuero interno siempre he juzgado lamentable los métodos, razonamientos, consideraciones y ejecución de las fuerzas del orden público cuando lejos de ejercer su único y lícito objetivo de hacer respetar las reglas se dedican a pavonearse y a "imponer su autoridad". Por cierto, quien quiera conocer realmente el significado de esta última frase solo ha de ver los videos de la reciente carga policial en Valencia. De libro...

Otro aspecto en el que no entraré, mezcla de pura decencia y para evitar una lógica acusación de demagogia, es los parámetros usados por nuestros amados agentes a la hora de elegir al incautó que caerá en sus redes. Reconozco que el ramillete de figuras que pueblan la fauna automovilística es variopinta, pasando rápidamente del cretino con secadora de 50cc, siguiendo por el repartidor chino que a duras penas entiende el castellano y acabando por el sempiterno taxista que siempre tendrá una sonrisa para nosotros al cambiarnos de carril sin poner el intermitente. El enemigo es duro, es imprevisible, es ladino... y ellos lo saben. Quizás por eso y por el mal llamado "coste de oportunidad" se hace evidente la preferencia del cuerpo (del delito lo llamaría yo) hacia la caza del fácil y dócil señor pudiente que aparte de no fugarse pagará seguro. Lo dicho, no comentaremos.

Lamento haberme ido por las ramas. Mi intención era únicamente describir una bucólica escena cotidiana y he acabado haciendo un alegato por la racionalización de la labor de los agentes del orden viario. Quizás podríamos achacarlo a que andan un poco enfadados o bien esa podría ser su cara habitual o bien será por los recortes o bien porque lo llevan en el ADN. Sea como fuere todo el resto de la humanidad también tiene problemas, lo único es que si ellos van enfadados a trabajar como nosotros, no se les nota nada diferente.

Finalmente y por si algún bienhallado agente de la ley está leyendo esta entrada, pedirle que no raye demasiado mi Bulldozer matrícula PEO-6666 aparcado en un vado permanente delante de casa. Es que no he podido resistir la tentación de ver esos pantalones de nuevo. Debe ser mi lado más sadomasoquista.

Un saludo y conduzcan con cuidado. Por su bien...

31 de enero de 2012

La creación

Llevaba días dándole vueltas a lo de escribir una entrada en el Blog y, por lo que parece, no me decidía. Día tras día la pesada losa que supone ser un escritor de éxito sin que nadie lo sepa me susurraba al oído la necesidad de plasmar de nuevo cuatro pensamientos inconexos en el ciberespacio. Y no tenía tema… Fue en aquellos momentos que entendí con una claridad meridiana el porqué de la pésima calidad de los periódicos deportivos; escriben sin tener tema únicamente por el mero hecho de llenar páginas. ¿Cómo sino se entiende que todo los jugadores del mundo, en bloque, estén a punto de fichar por el Barça?

Por fin, después de darle muchas vueltas me lancé a la carga con la misma estrategia que los grandes, que aquellas magnas figuras que pueblan el firmamento y que se ganan el respeto con cada palabra que nos regalan… daría una exclusiva. Si estimados lectores, no hay nada que llene más al creador que dar una noticia que nadie más conoce (por previsible y carente de todo valor intelectual que esta sea).

Después de años reflexionando y tras haber tenido dos hijos me he lanzado finalmente, en cuerpo y alma o al menos a pecho descubierto, a la escritura de un libro. En algún momento he estado tentado de llamarle novela pero a estas alturas todavía no se a que género literario acogerme. Me gustaba aquello de hacer ensayo porque me recordaba a cuando hice teatro hasta que leí su significado e implicaciones reales en la Wikipedia. Opté unos minutos por lanzarme a la autobiografía pero recordé amargamente que no tengo recuerdos hasta bien entrada la adolescencia y que éstos, por razones evidentes, no podían protagonizar la primera parte del libro sin que acabaran tachando la obra de romántica ¿o quería decir erótico-festiva?

Finalmente me he decidido por escribir y dejar que las musas fluyan. Debo reconocer que tal decisión me provoca a menudo sudores fríos y espasmos cerebrales, lo que me obliga a parar después de escribir unos pocos renglones. Con todo se que será un best-seller y que mi obra reconfortará a millones de personas en todo el mundo. Todavía no se cómo pero lo conseguiré. Quizás esta es la faceta que más me motiva, mi propia automotivación que en ocasiones no tiene límites. La sonrisa bobalicona me delata cuando camino por la calle al caer absorto en un estado de creación y autocomplacencia motivado por brillantes ideas que mi cerebro genera y que lamentablemente nunca acabo plasmando por escrito.



Es por ello que les pido paciencia. La obra llegará y quizás sea en forma de entradas en el Blog. Esa puede ser la manera perfecta de que me obligue a escribir un capítulo por mes. Solo les pido que no me lo tengan en cuenta y que tomen en consideración mi osadía al haber hecho tamaña revelación en forma de exclusiva. Tiembla Paquirrín. Tus años de gloria han pasado y un nuevo competidor acecha agazapado en la sombra escribiendo un best-seller (¿lo sabrá pronunciar?)

Ya sé que muchos de ustedes no podrán dormir tras la lectura de esta entrada. Solo les pido que lo intenten bajo la promesa de que me estrujaré los sesos y a las musas para que la “obra” vea la luz lo antes posible.

Que Dios reparta suerte… e ingenio.