26 de noviembre de 2012

Mil gracias


Gracias a quien quiera que sea que tenga que dar las gracias por darme la oportunidad de mantener esas conversaciones de vértigo con mis hijos. Cada día son mejores las cuestiones pseudofilosóficas y argumentaciones usadas por esos dos pre-prepuberes para intentar enterarse de las cosas de la vida. Hijitos…

Gracias otra vez a quien… bueno, a ese, esa o eso por ayudarme en el momento adecuado, hace ya bastante por cierto, a centrar mi mirada sobre la mujer con la que comparto mi mundo para convertirlo en un nuestro mundo. El aguantarme puede considerarse fácilmente un acto de fe y esa mártir que tengo por esposa desempeña ese papel a la perfección. Santa maddona…

Gracias a mis respectivas familias con las que interactúo a menudo, tanto la natural como la política, por ser unas personas normales, decentes y cabales. Es de agradecer sobretodo el que todos se hayan abstenido de ser unos serial killers o depravados de cualquier tipo pese a la enorme oferta, y creciendo, para cubrir esas posiciones en la lúgubre sociedad moderna. Impasibles al ademán…

Gracias a mis amigos, personas afines y allegados varios por hacerme sentir con ganas de conversar, reir, criticar y/o simplemente razonar lo que provoca que no se me seque el cerebro. Es solo por ellos que todavía no he perdido la ilusión por ver como la condición humana sale algún día del pozo de la inopia donde se encuentra instalada. Veamos…

Gracias a los poderes fácticos por ponerme las cosas difíciles y obligarme a agudizar el ingenio para cuadrar las cuentas de la difícil economía doméstica. El trabajo de ingeniería económica que llevan a cabo los diferentes banqueros, empresarios, prohombres y capitostes varios de este país para mantener su nivel de vida sin importar los medios (ni sus clases) es ciertamente digno de mención y únicamente equiparable al empeño y tiempo que pone el Joker para eliminar a Batman o al correcaminos para atrapar al Coyote. Loable…

Gracias a los medios de comunicación por intentar denostadamente que todo el mundo, y seguro que especialmente mis familiares, se conviertan en unos asociales con marcados rasgos suicidas y/o psicopáticos. La calidad de los contenidos audiovisuales (no todos pero si la mayoría) que generan es inversamente proporcional al nivel intelectual demostrado por quien los decide así como el público objetivo al que quieren dirigirlos y que, lamentablemente, aún son la mayoría silenciosa de ese país. Si es que se lo ponemos fácil…

Gracias a los políticos por tener tan pocas luces y tan poca vista a la hora de hacer lo único que se les manda, gestionar. De esta manera permiten que las cosas se precipiten, que la gente piense (aunque parezca mentira) y que el cabreo se generalice. Serán…

Gracias a los libros, cómics, series, imágenes de gatitos y demás elementos capaces de hacer que me abstraiga y visualice buenos pensamientos muy lejanos de la ideología gris y lúgubre impuesta por el Gran Hermano (el global de Orwell no el de Telecinco, se entiende). Me gustar creer que aún hay gente creativa que piensa en los demás y que por un módico precio nos venden la píldora roja que nos muestra la cara amable de las cosas. Droga dura oiga…

Gracias a la Navidad que acude fiel a su cita para recordarnos que debemos ser felices, que el amor está en el aire y que, ante todo, debemos consumir de todo como si nada estuviera pasando. Los múltiples gorditos enfundados en sus calzones rojos serán de nuevo testimonios de momentos mágicos como el de la familia con todos sus miembros en paro tirando del carro lleno de paquetes de “Toys r us” y coronado por el sempiterno patanegra. Que no falte de ná…

Y gracias a todos vosotros por tener la paciencia de leer estas líneas hasta el final aun sabiendo que la calidad de la entrada es de cinco pelado. Pero es que la idea del día de acción de gracias me ha cautivado este año y me ha llevado a mostrar mi agradecimiento por aquellas cosas que realmente importan. Si es que en el fondo soy un sentimental. Hasta pronto.