El
pequeño dcar abre los ojos atraído por el fuerte olor a papilla. Sus más
primarios instintos le mueven a lanzar un alarido con todas sus fuerzas. Es
lastimoso pero por el momento y sin haber tenido la suerte de aprender el arte
de la palabra es su único recurso válido. Una madre abnegada se acerca
presurosa a recoger a la pequeña mole que se desgañita recostada en la cuna. El
hecho que el zampabollos de dcar pase largamente del peso ideal no ayuda en absoluto
en la operación que se salda con un par de maldiciones entre dientes y la
necesidad de poner al lindo querube a pan y agua una temporada.
Mientras
esta a punto de zamparse la primera cucharada, dcar solo piensa en la siguiente
cucharada, en sus muñequitos de colores que no paran de moverse encima de la
cuna y del calorcito que le da su Mami. Tras finalizar la comilona y antes de
amodorrarse de nuevo su mente solo puede pensar una cosa… esto es vida.
El adolescente
dcar abre los ojos espoleado por los gritos de su madre. Diversas maldiciones
encadenadas haciendo referencia a como malgasta la vida uno que se despierta cuando
la comida ya está preparada son suficientes para que la enterrada consciencia
de dcar se active y le obligue a incorporarse de la cama. La atmosfera
irrespirable de la habitación obliga a la madre a recular irremisiblemente en
su empeño de convertir a la masa granulosa de su hijo en persona.
Mientras
dcar se ducha solo piensa en con quien va a quedar hoy, en las posibilidades
que tiene de enrollarse con las compañeras de la clase y en el coñazo en que se
convierten a veces sus padres en el denodado intento de conseguir que los
planes salgan bien. Ya de tarde una vez ha cumplido convenientemente con las
mínimas conveniencias sociales (comida en la mesa con sonrisa y reporte de
actividades a los padres) su mente le transporta al futuro inmediato con una
sola idea… esto es la leche.
El ya casi
treintañero dcar abre los ojos gracias al poderoso influjo que le provoca ese extraño
cosquilleo que le recorre el cuerpo. Tras un rápido inventario de los actos del
día anterior y reparar en la ducha efectuada descartando así cualquier reacción
alérgica o herpes vario, cae en la cuenta que se trata de los nervios a flor de
piel que le provocan la inmediatez aguda de la pérdida de su soltería.
Mientras
dcar prepara a trompicones lo necesario para recorrer unos cientos de kilómetros
en compañía de sus padrinos para llegar a tiempo a su boda, piensa en la
importancia de lo que va a hacer hoy, en la mujer con quien quiere pasar el
resto de su vida y en los tropocientos invitados que finalmente van a estar en
su boda. Vencidos los contratiempos y ya una vez en camino, en su mente se
repite una sola idea… esto tiene que ser la bomba
El
adulto y granado dcar abre los ojos ayudado por los botes sobre el estomago de
sus dos hijos. Debo dejar de llevarlos a Port Aventura, piensa para sus
adentros mientras sonríe y se deja llenar de besos y felicitaciones. El tierno despertar
le ha regalado abrazos, caricias, mensajes de móvil, llamadas de teléfono, el
amor de sus amigos y de toda su familia y una camiseta de Super Coco, todo un
símbolo del patoso pero entrañable superhéroe en el que se ha convertido con
los años.
Mientras dcar sucumbe a la reparadora ducha y
deja caer sobre su cabeza el agua caliente, piensa en que ya tiene un año más,
en la suerte que tiene y en como devolver todo ese amor incondicional a su
familia y amigos. Por fin ha encontrado un hueco en el que poder escribir esta
entrada. Y es mientras escribe que comprueba claramente como con el tiempo en su
mente se ha grabado fuerte un pensamiento… esto de la vida es la lecha y está
siendo la bomba.
Si señores. Esta entrada tiene un alto
contenido emocional además de moraleja cual fábula de Esopo. Cumplir años puede
parecer un acto cruel cuando pasas de los cuarenta. Pero es todo lo contrario.
La suma de todos los momentos vividos no tiene ni punto de comparación con el
gusto de vivir el presente. Del futuro ya hablaremos cuando toque…
Gracias
por estar ahí… y ser tan majos

