31 de diciembre de 2012

Con alegría


Ante una próxima y segura muerte cerebral con motivo de la celebración en días tan señalados de la Santa saturación de grasa en todos y cada uno de mis vasos sanguíneos, opto por acabar esta mierda de año con la publicación de una entrada en mi Blog. Y evidentemente me veo en la obligación, como muchas otras personas con algo de tiempo libre y poco criterio, de realizar balance del mismo cual fino estadista y paladín de la crítica moderna. Pueden temblar así los tertulianos de Telecinco e Intereconomía, juntos pero no revueltos, ante el crudo ejercicio de realidad que se les viene encima. Por cierto ¿He dicho ya lo de la mierda?

A modo de introducción debemos tener en cuenta que con toda certeza ha sido una mierda de año, y remarco lo de mierda para conseguir un mayor efecto de perspectiva absoluta a modo de desgarradora técnica narrativa en el que la mierda en si misma relata la gravedad del asunto. Acto seguido debemos poner igualmente en consideración que este Blog es más bien de audiencia escasa con unas expectativas de difusión para esta humilde entrada a medio camino entre lo realmente bajo y el silencio intelectual absoluto. Y todo ello sin olvidar que cada día que pasa la tasa de lectura en el mundo civilizado (¿realmente existe eso?) decrece de manera alarmante para ceñirse casi exclusivamente a la búsqueda de descuentos en los folletos de supermercado. Más concentración produce dolor de cabeza. Comprobado.

Ante la evidencia y los imponderables enumerados en contra, sería un acto loable el rendirme ahora mismo y no llevar a cabo mi mordaz crítica de los pasados 365 días y de todo lo que en ellos ha acontecido, para mal o para bien ¿o fue solo para mal? Pero no… acataré el destino que la pluma, más fuerte que la espada y el vino de Jumilla, me ha encomendado y lanzaré certeros dardos a vuestras mentes para demostraros la verdadera mierda en que se convirtieron las jornadas del 2012. Uno tras otro, con pocos o ninguna razones para el optimismo, se fueron perpetrando los días que alguien borracho seguramente nos vendió como de vino y rosas. Los que aún sobrevivimos a la podredumbre queremos expresar la alegría de estar cuerdos. No soy nadie generando expectativas…

Es por ello que voy a ceñirme a una simple a la par que efectiva enumeración de unas pocas frases cargadas de un sentido aplastante que van a transmitir la realidad de lo que ha sido el año de mierda que estamos a punto de dejar atrás. ¿He dicho mierda ya? ¿Cuántas veces? ¿Suficientes? ¿Habrá quedado bien plasmada la idea de cacota gorda?

  • Justicia - Algunos chorizos se sacaron la careta. No nos sorprendieron a ninguno. Ni a los jueces…
  • Sucesos - Muchos que querían comer se convirtieron en chorizos. Y todo por miedo a quedarse colgados…
  • Economía - La prima del riesgo se puso muy gorda. Y a los de fuera se les fue los ojos con la gorda…
  • Política - La segregación se convirtió en tema de conversación. Y así se pasaron los días, segregando tanto bilis como otras sustancias pútridas necesarias para mantener unida a Ejpaña…
  • Empresa - Subieron impuestos. Bajaron inversiones. El resultado… el 60% de las empresas en números rojos.
  • Ecos de sociedad – Algunos siguieron haciéndose ricos, muy ricos. Algunos se sacaron la careta…
  • Internacional – La prensa internacional le cogió el gusto a sacarnos en portada y hacer reportajes sobre nuestro país. Pero esta vez no por el sol ni la fiesta…
  • Cultura – ¿Cultuqué? Algún día tendremos de eso. Seguro…
  • Tecnología – Todo es cada vez más “Smart”, más inteligente. Un día de estos podremos preguntarles a los móviles y demás aparatejos como tenemos que salir de la crisis…
  • Deportes - Y España ganó al futbol…


Y hasta ahí mi certero análisis de la situación de este año que estamos a punto de acabar. ¿Punzante verdad? Me faltó colocar por algún lado bonitas palabras como “deleznable”, “cretino”, “tarugos” (hay tantos que no puedo usar el singular) o “apocalíptico”. Mis recursos literarios no tendrán límite pero si mis ansias de transmitir alegría y buen rollo, así que mejor me las guardo para hacer bulto en mi próxima entrada.

Finalmente y como no podía ser tampoco de otra manera, abrimos un último rincón de buenos deseos sin saber el efecto que tendrá en el incierto futuro que se abre ante nosotros (Léase esta última frase con música de fondo de la dimensión desconocida. Si no la encuentra, cualquier cosa menos Camela…). Para que no se diga que soy un derrotista, ahí van unas sabias y profundas palabras cargadas de simbolismo y buen rollo cósmico, acompañadas de una bonita felicitación navideña de cosecha propia:

“Se bueno 2013. Vaaaaaa, vengaaaaaaa, porfaaaaaa…”




Alegría. Siempre alegría. Que para cagarse en todo y enviarlo todo a la mierda siempre estamos a tiempo ¿Alguien ha contado cuantas veces he escrito mierda? Todo un señor manifiesto coprofílico… cómo buen catalán, si señor.  

Feliz año… je, je

2 de diciembre de 2012

De vuelta


El taxi avanza rápido entre el intenso tráfico realizando el rítmico slalom que solo los conductores de Madrid conocen. El alegre conductor lleva un rato cantándome las excelencias de la ciudad condal en contraposición con las miserias de la gran capital. Con el tiempo he aprendido a desconectar intermitentemente y a emitir sonidos aprobatorios a tiempos fijos, lo que me permite mantener conversaciones sobre Mourinho, la independencia o el 15M manteniendo la misma expresión y sin levantar la más mínima sospecha de desinterés.

Finalmente llegamos a la estación de Atocha, bastión del Madrid moderno, de su multiculturalidad y de su olor a café con leche. Fiel a mis costumbres, me apeo de mi ocasional carroza con la antelación suficiente como para saborear el ambiente de la capital. De esta manera puedo observar a través de los ventanales de las cafeterías a los camareros enfundados en sus uniformes de los años sesenta, puedo cruzarme con las señoras de clase bien con su caniche en ristres o puedo escuchar alta y clara la conversación por el móvil del engominado de turno con su blanco alzacuellos y su camisa rayada.



Tras este protocolario baño de castellanidad, me adentro en la estación para cruzarla de extremo a extremo en actitud casi litúrgica. Este siempre interesante transito por los intestinos de la bestia garbancera me permite alargar el contacto con la realidad del mundo inmóvil antes de subirme al caballo de hierro que ha de llevarme a la civilización. De nuevo me dejo llevar por mi pasión por los detalles para no dejar de fijar mi mirada en actitudes que siempre transfieren una marcada sensación de temporalidad. En la estación todo se mueve, nada está quieto, todo se  vende y ahora ya casi nadie compra.

Busco el billete guardado siempre a buen recaudo en la solapa del traje y me mimetizo entre el gentío que como yo, de manera frecuente u ocasional, viven enfundados en un mono de trabajo diferenciado únicamente por el color de la corbata. Los señores guardianes del castillo me obligan a enseñarlo para acto seguido arrojar mi trolley, fiel compañero, a las fauces de la máquina de rayos X. El día que encuentren que me avisen…

Con el tiempo justo para echar un vistazo y comprar quizás algún tentempié en forma de bebercio o comercio, me dirijo al andén 4 donde encontraré mi puerta al “seny i la rauxa”. Quizá no tan idílico como el 9 ¾ de Hogwarts, el 4 de Atocha es un andén de habla catalana y cigarrillo de última hora donde se percibe igualmente una magia especial, la de aquel que deja un mundo de porras y caballeretes atrás.  

Tras la preceptiva pregunta sobre la certeza de su ubicación y la consecuente sorpresa del señor que ocupa tu asiento ante el error perpetrado, me coloco sin ambages en el sillón reclinable y bajo la mesita para colocar todos los instrumentos que no utilizaré.

Con puntualidad británica el tren se pone en marcha para regalarme dos horas y media de puro viaje. Pese a mi denodado esfuerzo por concentrar el cerebro en algo productivo, como ya llevan rato haciendo la gran parte de mis compañeros de vagón, caigo en brazos de Morfeo sin remisión a los 10 minutos de la salida. En el fondo creo que debe ser que Guadalajara me produce sueño. O eso o es que me hago mayor.

El despertar me devuelve a mi sitio con energías renovadas. Es ese el momento de enfrentarse al dilema de saber en que gastaré este viaje. Las opciones son claras, o bien me lanzo a escribir en el bendito Notebook con el que genero estas líneas o bien me lanzo a leer en cualquiera de los gadgets que me acompañan a todas partes.

Que haga una cosa u otra siempre dependerá de mi compañero de viaje o, más bien de su ausencia. Si alguien me acompaña al lado leo y sino escribo. Así de fácil. Lo que escriba o lo que lea ya es otro tema.
Levanto la vista tras el hipnótico viaje, tanto físico como mental, gracias  al chasquido de los viajeros al vislumbrar inquietos los arrabales de su ciudad. Ha pasado ya el tiempo de buceo intelectual fuente inagotable de creatividad para coger ideas, instruirse, aprender, relajarse o simplemente para escribir entradas en el Blog, novelas, ofertas o cualquier otra cosa.

En un abrir y cerrar de ojos me encuentro subido a mi moto cruzando ágil la ciudad rumbo a casa. La sola imagen de mi familia me hace sonreír como un bobo durante todo el camino y no es para menos ya que los sinceros abrazos que nos esperan a todos a mi llegada son la merecida recompensa a las horas separados.

Besos, fin de trayecto y fundido en negro. Hasta la próxima.