16 de junio de 2012

Quédate quieto y disfruta


Punto número uno: Una amenaza inapelable. La parálisis por el miedo, la parálisis por el análisis, la parálisis del sueño o simplemente la de la conducta, de la iniciativa o del ser. Bucear por internet es un placer para encontrase con todas estas joyas que muestran lo complejo de quedarse quieto con la intención de defecarse encima.

Punto número dos: Una posible solución. Todo esto viene derivado de la nueva y expeditiva idea que estoy madurando de iniciarme en el arte de la meditación zen. Saca de tu cabeza todas aquellas influencias negativas que no quieres que te corroan por dentro lo que, tal como nos están bombardeando día a día, estoy seguro requerirá de un Bulldozer mental para conseguirlo. En este sentido, doy las gracias a todos aquellos simpáticos medios de comunicación que pelean por su parcela de protagonismo y dividendos con la creación de titulares cada vez más sensacionalistas, menos elaborados y más directos como “El calentamiento puede destruir el progreso conseguido en 60 años”, surgido de la transcripción de las declaraciones de cualquier persona que quiera conseguir ya mismo sus minutos de gloria mediática.



Punto número tres: La evidencia. Hables con quien hables, la conversación inevitablemente derivará siempre en un dialogo depresivo sobre la situación actual de (Nota del autor: Póngase aquí cualquier cosa que le interese mínimamente) y su profundo deterioro, aderezado finalmente con una optimista reflexión de que las cosas no van a mejor. Rumbo a la destrucción masiva de valores, el Mad Max moderno de la sociedad actual…

Punto número cuatro: El autoconvencimiento. De este modo y cual resorte ocasionado por la universal ley de acción-reacción, me veo absolutamente necesitado de buscar la manera más adecuada de poner remedio a este ciclo negativo con la única y sana intención de mantenerme cuerdo para poder seguir pagando mis impuestos al Estado. Esa es mi única intención. Bueno, esa y poder llevar la comida a la boca de mis vástagos regurgitando cual ave que sale del nido cada día para buscar algo de carroña. Analizando la realidad uno se da cuenta de cuan cercano a la realidad de la última afirmación, cojo el AVE cada mañana para ir a hablar con carroña, lo que normalmente me hace vomitar de asco, para poder ganar unos eurillos que inexorablemente se va a llevar Hacienda. Cómo la visa misma… Así que, de cara a poder blindar mi mente e impermeabilizarla de tan brutales y constantes agresiones a mi integridad, me veo con la única alternativa posible de quedarme quieto y dejar de pensar. A la caza de un bello e irresistible encefalograma plano que aleje de mi el stress, la preocupación, el miedo, la mala leche, el mal karma y todos esos recuerdos tóxicos del concurso de Eurovision que seguro andan escondidos en algún recoveco de mi cerebro.

Punto número cinco: Por el culo te la … Las opciones eran mínimas. Era eso o la vieja estrategia del avestruz el cual enterrando la cabeza en la tierra se aísla fácilmente de su entorno. El único y evidente riesgo es que se deja, como se dice simple, llana y gráficamente, el culo al aire para que cualquier degenerado cargado de vaselina aproveche la situación. Y lamentablemente hoy en día si hay algo de lo que este país no anda falto es de degenerados. Solo hace falta leer los diarios para comprobar cómo durante unos cuantos años han campado a sus anchas ¿Está de acuerdo conmigo señor Rato? Seguro que si…

Punto número seis: Aaaaah amigos (Nota del autor: léase como lamento cargado de un aura de suspiro apesadumbrado). Les confieso que siempre que puedo me gusta expresarme con refranes, obviedades o frases hechas. Es todo un reto. Incluso, cuando los astros son propicios, intento mantener conversaciones basadas únicamente en informaciones plagiadas del rico ideario popular. Para esta ocasión podemos echar mano de algunas míticas como aquella frase del grupo de rock ochentero “Ante todo, mucho calma”. O aquella frase que un gran amigo malagueño me espetó un día “Si tiene solución ¿porqué te preocupas?. Si no tienen solución ¿porqué te preocupas?”. Es ahora cuando puedo imaginar claramente a los grandes monjes Zen recitando mantras basados en sus inevitables visitas a los bares patrios, fuentes inagotables de sabiduría popular, entre carajillo, faria, anis y la cabeza rapada.

Punto número siete: El aprendizaje. Lo único que me resta en tamaña gesta intelectual es aprender a meditar. Se me antoja que eso debe ser fácil desde el momento en que encuentras un curso completo en un lugar llamado wikiHow o compruebas como el YouTube está infestado de personajes invitándote a ponerte cabeza abajo al más puro estilo “Aparte los malos pensamientos de su mente, pregúnteme como” o “Pierda sus pensamientos sin esfuerzo, sin efecto rebote”.

Punto número ocho: Con esto y un bizcocho, hasta mañana… Por último, una seria advertencia. No confundan nunca la meditación Zen con el pensamiento positivo. Mientras la primera se basa en tirar al retrete los malos pensamientos para dejar la mente limpia y pura cual bebe, la segunda solo busca rellenarla de ideas vacuas del tipo “Vives en un mundo con un promedio de 80% de pensamientos negativos. Desde este instante puedes abandonarlo y hacerlo un mundo mejor con fe y esperanza” que, rayando el autohipnotismo, te alelaran un poco más. Eso si, con una sonrisa en la boca.

Analicen estas palabras mías y mediten sobre ellas. Ya verán que en el fondo son obviedades. Se lo advertí…

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