Punto
número uno: Una amenaza inapelable. La parálisis por el miedo, la parálisis por
el análisis, la parálisis del sueño o simplemente la de la conducta, de la iniciativa
o del ser. Bucear por internet es un placer para encontrase con todas estas
joyas que muestran lo complejo de quedarse quieto con la intención de defecarse
encima.
Punto
número dos: Una posible solución. Todo esto viene derivado de la nueva y expeditiva
idea que estoy madurando de iniciarme en el arte de la meditación zen. Saca de
tu cabeza todas aquellas influencias negativas que no quieres que te corroan
por dentro lo que, tal como nos están bombardeando día a día, estoy seguro requerirá
de un Bulldozer mental para conseguirlo. En este sentido, doy las gracias a todos
aquellos simpáticos medios de comunicación que pelean por su parcela de
protagonismo y dividendos con la creación de titulares cada vez más
sensacionalistas, menos elaborados y más directos como “El calentamiento puede
destruir el progreso conseguido en 60 años”, surgido de la transcripción de las
declaraciones de cualquier persona que quiera conseguir ya mismo sus minutos de
gloria mediática.
Punto
número tres: La evidencia. Hables con quien hables, la conversación
inevitablemente derivará siempre en un dialogo depresivo sobre la situación
actual de (Nota del autor: Póngase aquí cualquier cosa que le interese mínimamente)
y su profundo deterioro, aderezado finalmente con una optimista reflexión de
que las cosas no van a mejor. Rumbo a la destrucción masiva de valores, el Mad
Max moderno de la sociedad actual…
Punto
número cuatro: El autoconvencimiento. De este modo y cual resorte ocasionado
por la universal ley de acción-reacción, me veo absolutamente necesitado de
buscar la manera más adecuada de poner remedio a este ciclo negativo con la
única y sana intención de mantenerme cuerdo para poder seguir pagando mis
impuestos al Estado. Esa es mi única intención. Bueno, esa y poder llevar la
comida a la boca de mis vástagos regurgitando cual ave que sale del nido cada
día para buscar algo de carroña. Analizando la realidad uno se da cuenta de cuan
cercano a la realidad de la última afirmación, cojo el AVE cada mañana para ir
a hablar con carroña, lo que normalmente me hace vomitar de asco, para poder
ganar unos eurillos que inexorablemente se va a llevar Hacienda. Cómo la visa
misma… Así que, de cara a poder blindar mi mente e impermeabilizarla de tan brutales
y constantes agresiones a mi integridad, me veo con la única alternativa
posible de quedarme quieto y dejar de pensar. A la caza de un bello e
irresistible encefalograma plano que aleje de mi el stress, la preocupación, el
miedo, la mala leche, el mal karma y todos esos recuerdos tóxicos del concurso
de Eurovision que seguro andan escondidos en algún recoveco de mi cerebro.
Punto
número cinco: Por el culo te la … Las opciones eran mínimas. Era eso o la vieja
estrategia del avestruz el cual enterrando la cabeza en la tierra se aísla fácilmente
de su entorno. El único y evidente riesgo es que se deja, como se dice simple,
llana y gráficamente, el culo al aire para que cualquier degenerado cargado de
vaselina aproveche la situación. Y lamentablemente hoy en día si hay algo de lo
que este país no anda falto es de degenerados. Solo hace falta leer los diarios
para comprobar cómo durante unos cuantos años han campado a sus anchas ¿Está de
acuerdo conmigo señor Rato? Seguro que si…
Punto
número seis: Aaaaah amigos (Nota del autor: léase como lamento cargado de un
aura de suspiro apesadumbrado). Les confieso que siempre que puedo me gusta
expresarme con refranes, obviedades o frases hechas. Es todo un reto. Incluso,
cuando los astros son propicios, intento mantener conversaciones basadas únicamente
en informaciones plagiadas del rico ideario popular. Para esta ocasión podemos
echar mano de algunas míticas como aquella frase del grupo de rock ochentero “Ante
todo, mucho calma”. O aquella frase que un gran amigo malagueño me espetó un
día “Si tiene solución ¿porqué te preocupas?. Si no tienen solución ¿porqué te
preocupas?”. Es ahora cuando puedo imaginar claramente a los grandes monjes Zen
recitando mantras basados en sus inevitables visitas a los bares patrios,
fuentes inagotables de sabiduría popular, entre carajillo, faria, anis y la
cabeza rapada.
Punto
número siete: El aprendizaje. Lo único que me resta en tamaña gesta intelectual
es aprender a meditar. Se me antoja que eso debe ser fácil desde el momento en
que encuentras un curso completo en un lugar llamado wikiHow o compruebas como
el YouTube está infestado de personajes invitándote a ponerte cabeza abajo al
más puro estilo “Aparte los malos pensamientos de su mente, pregúnteme como” o “Pierda
sus pensamientos sin esfuerzo, sin efecto rebote”.
Punto
número ocho: Con esto y un bizcocho, hasta mañana… Por último, una seria advertencia.
No confundan nunca la meditación Zen con el pensamiento positivo. Mientras la
primera se basa en tirar al retrete los malos pensamientos para dejar la mente
limpia y pura cual bebe, la segunda solo busca rellenarla de ideas vacuas del
tipo “Vives en un mundo con un promedio de 80% de pensamientos negativos. Desde
este instante puedes abandonarlo y hacerlo un mundo mejor con fe y esperanza” que,
rayando el autohipnotismo, te alelaran un poco más. Eso si, con una sonrisa en
la boca.
Analicen
estas palabras mías y mediten sobre ellas. Ya verán que en el fondo son
obviedades. Se lo advertí…
