10 de agosto en la gran capital del país inmerso en una crisis galopante. El barrio humilde y trabajador es lo más parecido a una versión vieja del Kosovo más rancio y balcánico. El viento caliente se filtra por las callejuelas quemando las caras curtidas de los ancianos sentados en los pocos bancos de la plaza que los urbanistas no han querido o no han podido llevar al paredón.
Ellos, los ancianos, son los únicos que últimamente entran en la pequeña tienda de abastos y ultramarinos de Pepe. ¿Se puede ser más castizo al introducir en una misma frase las palabras abastos, ultramarinos y Pepe? El susodicho lleva días pensando en su retiro estival de Benidorm junto a Concha, su estimada, venerada y ballenata esposa. Cuenta las horas y los minutos en que se embutirán todos en el Renault último modelo del 95 para enfilar la costa levantina como el 90% de su vecindario.
En ese momento Pepe no piensa en cifras, números o cualquier otra mariconada que le haga atisbar el declive del negocio. Mientras mira a través del cristal como se embotellan los coches en la estrecha callejuela, piensa que de momento sus contabilidades, opacidades y chanchullos varios le han servido para conciliar convenientemente el sueño. Además, el verano y sus cañitas en compañía de sus colegas de chiringuito no conocen de crisis.
10 de agosto en la gran capital del país inmerso en una crisis galopante. Asoma por la ventanilla humeante de la furgoneta el peludo brazo del sudoroso Manolo. El aire acondicionado hace tiempo que se dio por vencido en su titánico cometido de mantener fresquito los más de cien kilos de humanidad del conductor.
Hoy por casualidad y por los avatares del tráfico veraniego el vehículo se ha detenido delante del colmado de Pepe. Exhalando una nueva bocanada de humo fija la vista en la tienda para vislumbrar la nula actividad del comercio. Aún recuerda como hace pocos meses el muy cretino se atrevió a zanjar el acuerdo entre caballeros por el que Manolo llevaba distribuyéndole una parte significativa de los productos cárnicos que revendía.
Los precios aleatorios aplicados al género, la cada vez más baja calidad del mismo o las continuas impuntualidades del repartidor no eran consideradas por Manolo como suficiente motivo para quebrantar el acuerdo cerrado años antes tras la barra de un bar. Me caguen en la mierda de listillos que seguro se dedican a comprar producto chino más barato y que usan esos chismes digitales. ¿Qué se ha hecho del comercio tradicional y del honor entre caballeros?
10 de agosto en la gran capital del país inmerso en una crisis galopante. Li pasea por las calles ajeno a los cuarenta grados a la sombra. La revisión de sus locales prima sobre el calor y cualquier otro contratiempo. Como buen cantonés les gustan los fideos y el trabajar sin descanso. Tampoco sabe hacer otra cosa, tampoco entiende otra lengua que el chino mandarín y tampoco le interesa demasiado otra cosa que no sea lo suyo.
Se detiene delante de una tienda de ultramarinos en la que bucólicamente su dueño mira a través de los cristales. Siguiendo su mirada solo encuentra una furgoneta defenestrada con lo más parecido a un Cromagnon a los mandos. Li sabe que es cuestión de tiempo que Pepe acabe de cederle el negocio. Por lo pronto, ya ha aceptado que le suministre un buen número de productos sin preguntar demasiado su procedencia ni pedir demasiados papeles. Buen chico.
Esto es un chollo, piensa para sus adentros. El descendiente directo de Fumanchú lleva más de dos años haciendo negocios a diestro y siniestro en el barrio con gente egoísta que solo mira por sus intereses, con pocos escrupulos en lo que se refiere a la calidad y con unas ganas locas de mantener el ritmo de vida que llevaban. Esto es terreno abonado para que gente con dinero como Li se haga con lo que le interesa sin demasiadas dificultades. Cada vez más no nota ninguna diferencia al hacer negocios en la gran capital y se siente como en casa. “My sweet Sichuan”, pero con muchos bares taurinos. Me lo quedo…
Nota del autor: Finaliza aquí mi ejercicio de Perspectiva Múltiple donde diversos personajes hablan de un mismo tema. No se si lo he llegado a clavar pero bueno, lo pasé bien mientras lo hice. En breve más…






