Hoy mismo sin ir más lejos, encontrándome a lomos de mi briosa motocicleta revoloteando cual moscardón por las calles de la ciudad condal, me tope de nuevo con una escena cada vez más familiar en la que nuestra estimada Guardia Urbana (para quien no resida en Barcelona les diré que es el verdadero azote de los infractores del código de circulación) paraba a un joven acomodado en su scotter último modelo.
Ésta podríamos titularla "El señor insecticida amedrenta a la pobre mosquita" que bien podría formar parte del universo de éxitos del género chico (por el tamaño de los pantalones marcapaquete de los agentes) junto a otras grandes zarzuelas como "Hijo, llevas un piloto roto" o "¿No ha visto usted ese semáforo?".
En ella se ve como un señor con aspecto soberbio, altivo y patizambo (debido seguramente a la presión de los pantalones) se acerca con pasos lentos pero seguros hacia su presa escudándose tras los cristales ahumados de sus gafas de sol. El pobre diablo ya pavoroso y trémulo de por sí, inicia un balbuceo incontrolado ante la descorazonadora e imponente figura que se acerca. El castañeteo de los dientes es cada vez más evidente y en su mente solo una idea tiene cabida ¿Aguantaré esos deseos de micción incontrolada?
El representante en la tierra de la ley viaria se siente seguro. Lleva años de academia en academia preparándose para momentos como este. No han sido en balde las horas delante del televisor revisando los clásicos (Seagal, Van Damme, Norris, Bud Spencer, De Niro...) y los pedidos millonarios a la tienda Ray Ban. El espejo ha sido testimonio mudo de las caras inexpresivas, de la mirada penetrante... casi bizca, de dejar entrever esa encía, de esas frases cortas pero contundentes ¿Me estás hablando a mi?
Cuantas veces me ha venido a la mente la imagen del mismo agente llevándose el trabajo a casa como cualquier esforzado trabajador y padre de familia. Él cepillándose los dientes mientras interpela a su pareja por dejar la ropa en doble fila, todo ello con las gafas, el casco , las pantuflas, la camiseta de Homer Simpson y los calzoncillos boxer regalo del amigo invisible navideño. Pobrecillos ellos a los que les debe ser tan difícil poder hacer meritos que le permitan llegar a ser aún más macho, si cabe, lo que seguro la reportará el permiso para ponerse camisa negra, abrirse tres botones, colgarse un palillo de la boca y hacerse llamar Cobra.
En mi fuero interno siempre he juzgado lamentable los métodos, razonamientos, consideraciones y ejecución de las fuerzas del orden público cuando lejos de ejercer su único y lícito objetivo de hacer respetar las reglas se dedican a pavonearse y a "imponer su autoridad". Por cierto, quien quiera conocer realmente el significado de esta última frase solo ha de ver los videos de la reciente carga policial en Valencia. De libro...
Otro aspecto en el que no entraré, mezcla de pura decencia y para evitar una lógica acusación de demagogia, es los parámetros usados por nuestros amados agentes a la hora de elegir al incautó que caerá en sus redes. Reconozco que el ramillete de figuras que pueblan la fauna automovilística es variopinta, pasando rápidamente del cretino con secadora de 50cc, siguiendo por el repartidor chino que a duras penas entiende el castellano y acabando por el sempiterno taxista que siempre tendrá una sonrisa para nosotros al cambiarnos de carril sin poner el intermitente. El enemigo es duro, es imprevisible, es ladino... y ellos lo saben. Quizás por eso y por el mal llamado "coste de oportunidad" se hace evidente la preferencia del cuerpo (del delito lo llamaría yo) hacia la caza del fácil y dócil señor pudiente que aparte de no fugarse pagará seguro. Lo dicho, no comentaremos.
Lamento haberme ido por las ramas. Mi intención era únicamente describir una bucólica escena cotidiana y he acabado haciendo un alegato por la racionalización de la labor de los agentes del orden viario. Quizás podríamos achacarlo a que andan un poco enfadados o bien esa podría ser su cara habitual o bien será por los recortes o bien porque lo llevan en el ADN. Sea como fuere todo el resto de la humanidad también tiene problemas, lo único es que si ellos van enfadados a trabajar como nosotros, no se les nota nada diferente.
Finalmente y por si algún bienhallado agente de la ley está leyendo esta entrada, pedirle que no raye demasiado mi Bulldozer matrícula PEO-6666 aparcado en un vado permanente delante de casa. Es que no he podido resistir la tentación de ver esos pantalones de nuevo. Debe ser mi lado más sadomasoquista.
Un saludo y conduzcan con cuidado. Por su bien...

Me gustaría ver si paran al bueno de Gru con su coche a reacción.
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