4 de mayo de 2012

Lectureando

Hola de nuevo estimados seguidores. Me consta que de la horda inmensa que conformáis todos juntos y que dispuestos en la manera adecuada a buen seguro me impediríais vislumbrar el horizonte en un día claro de primavera, solo una pequeña cantidad os mostráis abiertamente en el widget habilitado a tal efecto por este invento del Blogger. A vosotros, gracias por no tener miedo al escarnio y a la befa pública que de vosotros podrían llegar a hacer las redes sociales al enterarse de esos hábitos vuestros de leer a blogueros mediocres de medio pelo.

A los que me sufren en silencio y en la sombra, gracias por un lado y palabras de ánimo por otro. Que sepáis que en este país, el escarnio y la befa son moneda de cambio común y hay para todos, que entre leer la revista de Ana Rosa y este blog, me decanto claramente por… que eso, que hay para todos.

Y es que hoy he venido a hablar de mi libro. Muchos de vosotros habréis asociado esas palabras con un señor con gafas. Que sepáis que yo también llevo gafas y no por eso voy a lanzar exabruptos, aunque podría. Podría emitirlos sin parar ya que esto de escribir una novela es algo arduo y difícil. Para aquellos que no sepan de lo que hablo (¿seguidores en la sombra quizás? ¿Lectores ocasionales? ¿Pequeños lectores? ¿Gente que se engancha con cualquier cosa?) les comento que hace algunos meses escribí una entrada en la que anunciaba el inicio de mi andadura como escritor o, al menos, el inicio del intento. Les invito a que busquen la entrada, así de paso van revisando las otras y quizás se convierten en asiduos.

Gracias a Dios que cuando estás exhausto, cuando las musas te abandonan como el desodorante, cuando más empinada parece la cuesta… zaaaaas… llega Sant Jordi y te recarga las pilas. Este año ha sido especialmente sublime ya que, cosa que no hacía en muchos años, he conseguido darme una vuelta más o menos tranquila para hojear libros. No contento con ello y en un estado de semieuforia me atreví a comprar uno de carne y hueso. Ya saben. Desde que me regalé el lector de libros digitales, ése es un privilegio que concedo a unos cuantos elegidos.

En este caso el agraciado fue “Morirás mañana” del que ya solo el nombre me parece el colmo de lo atractivo. Pero en este caso lo mejor no fue ni el nombre ni las más de 600 páginas repletas de letras (como lo oyen… incluso creo que con interlineado sencillo). Lo mejor fue la charla que mantuvimos Jaime Bayly y un servidor, seguramente debido a que el novelista es, pura y llanamente, un monstruo en el arte de transmitir sentimientos impresos y un comunicador fuera de serie. Abusón.



Esos cinco minutos fueron sin duda todo una recarga directa de las raíces neurotransmisoras responsables de mi habilidad para escribir historias. Si, ya saben, esas cuatro neuronas justo detrás del lugar donde almaceno todos los capítulos de Friends y al lado mismo de la responsable de mi habilidad de simular pedos con el sobaco. Que Dios la conserve siempre en forma. Y todo gracias a un consejo tan simple como complejo de llevar a cabo, nunca dejes indiferente al que te lee y provoca sentimientos a través del relato, sean cuales sean pero con la mayor intensidad.

El resultado ha sido por el momento un aumento desaforado de las ganas de escribir que lamentablemente no se han concretado. Para no defraudar a nadie, especialmente a mi, tan solo espero ser capaz de autoaplicarme próximamente una alta dosis de presión para conseguir alcanzar un ritmo de 1 página al día. De esta manera espero tener una fantástica novela de 200 páginas (interlineado de 1 y medio mínimo, no fuéramos a aburrir) antes del final del año… de algún año mejor.

Les dejo ya esperando que su lectura haya llegado hasta aquí, signo inequívoco de que voy por el buen camino. ¿Ha habido alguna sonrisa? ¿Una leve mueca? Pues por hoy el objetivo se ha cumplido. Iremos progresando.

Sigan leyendo, aunque sea en el baño…

Por cierto. Acabo de ver que esto del Blogger tiene estadísticas de uso, de accesos, de talla de camiseta… vaya, de todo, así que donde pone lo de horda inmensa léase reducido grupito de irreductibles.

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