Hola de
nuevo estimados seguidores. Me consta que de la horda inmensa que conformáis
todos juntos y que dispuestos en la manera adecuada a buen seguro me impediríais
vislumbrar el horizonte en un día claro de primavera, solo una pequeña cantidad
os mostráis abiertamente en el widget habilitado a tal efecto por este invento
del Blogger. A vosotros, gracias por no tener miedo al escarnio y a la befa
pública que de vosotros podrían llegar a hacer las redes sociales al enterarse
de esos hábitos vuestros de leer a blogueros mediocres de medio pelo.
A los
que me sufren en silencio y en la sombra, gracias por un lado y palabras de
ánimo por otro. Que sepáis que en este país, el escarnio y la befa son moneda
de cambio común y hay para todos, que entre leer la revista de Ana Rosa y este
blog, me decanto claramente por… que eso, que hay para todos.
Y es
que hoy he venido a hablar de mi libro. Muchos de vosotros habréis asociado
esas palabras con un señor con gafas. Que sepáis que yo también llevo gafas y
no por eso voy a lanzar exabruptos, aunque podría. Podría emitirlos sin parar
ya que esto de escribir una novela es algo arduo y difícil. Para aquellos que
no sepan de lo que hablo (¿seguidores en la sombra quizás? ¿Lectores
ocasionales? ¿Pequeños lectores? ¿Gente que se engancha con cualquier cosa?)
les comento que hace algunos meses escribí una entrada en la que anunciaba el
inicio de mi andadura como escritor o, al menos, el inicio del intento. Les invito
a que busquen la entrada, así de paso van revisando las otras y quizás se
convierten en asiduos.
Gracias
a Dios que cuando estás exhausto, cuando las musas te abandonan como el desodorante,
cuando más empinada parece la cuesta… zaaaaas… llega Sant Jordi y te recarga
las pilas. Este año ha sido especialmente sublime ya que, cosa que no hacía en muchos
años, he conseguido darme una vuelta más o menos tranquila para hojear libros.
No contento con ello y en un estado de semieuforia me atreví a comprar uno de
carne y hueso. Ya saben. Desde que me regalé el lector de libros digitales, ése
es un privilegio que concedo a unos cuantos elegidos.
En este
caso el agraciado fue “Morirás mañana” del que ya solo el nombre me parece el
colmo de lo atractivo. Pero en este caso lo mejor no fue ni el nombre ni las
más de 600 páginas repletas de letras (como lo oyen… incluso creo que con
interlineado sencillo). Lo mejor fue la charla que mantuvimos Jaime Bayly y un
servidor, seguramente debido a que el novelista es, pura y llanamente, un
monstruo en el arte de transmitir sentimientos impresos y un comunicador fuera
de serie. Abusón.
Esos cinco
minutos fueron sin duda todo una recarga directa de las raíces neurotransmisoras
responsables de mi habilidad para escribir historias. Si, ya saben, esas cuatro
neuronas justo detrás del lugar donde almaceno todos los capítulos de Friends y
al lado mismo de la responsable de mi habilidad de simular pedos con el sobaco.
Que Dios la conserve siempre en forma. Y todo gracias a un consejo tan simple como
complejo de llevar a cabo, nunca dejes indiferente al que te lee y provoca
sentimientos a través del relato, sean cuales sean pero con la mayor intensidad.
El
resultado ha sido por el momento un aumento desaforado de las ganas de escribir
que lamentablemente no se han concretado. Para no defraudar a nadie,
especialmente a mi, tan solo espero ser capaz de autoaplicarme próximamente una
alta dosis de presión para conseguir alcanzar un ritmo de 1 página al día. De
esta manera espero tener una fantástica novela de 200 páginas (interlineado de
1 y medio mínimo, no fuéramos a aburrir) antes del final del año… de algún año
mejor.
Les
dejo ya esperando que su lectura haya llegado hasta aquí, signo inequívoco de
que voy por el buen camino. ¿Ha habido alguna sonrisa? ¿Una leve mueca? Pues
por hoy el objetivo se ha cumplido. Iremos progresando.
Sigan
leyendo, aunque sea en el baño…
Por cierto. Acabo de ver que esto del Blogger tiene estadísticas de uso, de accesos, de talla de camiseta… vaya, de todo, así que donde pone lo de horda inmensa léase reducido grupito de irreductibles.

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