Y
durante todo este tiempo uno no ha estado brazo sobre brazo si no que ha
intentado alimentar su espíritu e intelecto ejercitando el bello arte de la lectura,
se ha cargado de buenas intenciones y nobles proyectos, ha dejado volar su mente en bellos parajes y
disfrutando de buena compañía y, quizás no lo más loable pero quizás si lo más
importante para la humanidad, ha intentado avanzar en su denodado intento de escribir.
Lamentablemente este último punto deja mucho que desear y la velocidad alcanzada
durante este periodo de silencio ha sido, seamos sinceros, más bien paupérrima.
Eso sí, la calidad de las páginas hasta hora es, sin lugar a dudas, ambigua.
Entiendo que esto debe ser algo lógico e incluso parte de la sintomatología
cuando te dedicas con asiduidad al tema y puedes catalogarte como escritor,
pero cada vez que releo algo de lo escrito me dan ganas de cambiarlo
sustancialmente. Eso ciertamente no es algo positivo en mi camino hacia el
estrellato o, por lo menos, la finalización de mi primera y seguramente única
novela. Tampoco ayuda el hecho de compaginar escritura y lectura principalmente
cuando te gusta lo que lees e inevitablemente acabas pensando en que el estilo,
la estructura, el mensaje, el hilo, la ejecución y en general mi obra podría virar
ligera pero sibilinamente hacía terrenos pantanosos que, sin caer en el plagio,
harían al lector más entrenado oler cierto tufillo de copia barata. Muy rápido
no seré pero original quiero serlo un rato.
La verdad es que la estación tampoco ha ayudado. El verano es ciertamente embriagador en sus múltiples facetas, comenzando con el color de sus días y acabando por la simpatía de la gente en vacaciones. De igual manera, el horno en el que se convirtió la ciudad Condal no invitaba a sentarse frente al ordenador en una casa exenta de lujos en formato de máquina acondicionadora de aire, creadora de conflictos térmicos con la esposa y catalizador de catarros culeros veraniegos. Por último, la guinda del pastel la pusieron esos locos bajitos (algún día lo de locos se podía haber cambiado tranquilamente por cabrones, con perdón) que, a medida que avanzaba la canícula y se acumulaban los días sin sentir en sus carnes la férrea disciplina escolar, más se semejaban a la niña del Exorcista, tanto en sus expresiones como en la falta o extrema ausencia de paciencia. Si es que así no hay quien escriba.
Sin más argumentos que me exoneren de mi falta de delicadeza y tacto al dejarles sin su nocilla intelectual, en mi defensa finalmente aportaré el dato de que alimenté el Blog con una nueva sección dedicada a los amantes de la lectura que espero y estoy seguro que habrán valorado (si hombre, la que hay al lado del Comic Tribute... la de los dibujitos), y que dedique largas horas a la creación y edición de video en una nueva salida de tono mental que se me ocurrió a mitad de verano coincidiendo con la picada de una medusa en las partes bajas, lo que estimuló centros neuronales que antaño desconocía que existieran y que provocaran tal lucidez. Tengo que reconocer que esto último es una licencia literaria que me he permitido para atrapar la atención del lector tras un rato de divagaciones. Les comunico que mis partes siguen en su sitio gozando de la buena salud de siempre aunque entiendo que este sea un dato que olviden rápidamente, sobre todo el sector femenino que no sea mi santa señora esposa.
Quizás lo peor de todo siempre es la frustración que te asalta al finalizar el verano cuando recuerdas todos aquellos proyectos, pequeños o grandes, pero todos importantes y fuente potencial de buenas vibraciones que no pudiste realizar. Y escribo esta entrada en un día cargado de sentimientos, simbologías y muestras de fervor en el que el mismo sentimiento de frustración se colectiviza y se representa en la voz de más de un millón y medio de personas reclamando un proyecto que todos tienen en mente.
El final de verano ha llegado y parece ser que el final de un ciclo colectivo también... Veamos cómo se capitaliza esa frustración. Si me necesitan ya saben dónde encontrarme. Este último comentario parece ser de nuevo una licencia literaria a modo de guiño la ambigüedad de mis escritos que el lector avanzado de P3 seguro que ha captado ¿o no?

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