Recuerdo el momento álgido de la burbuja inmobiliaria. Lo recuerdo como si fuera ayer. Casi fue ayer... y hoy. Mucha gente alardeaba de sus logros "empresariales" que les habían llegado a ganar un montón de dinero en muy poco tiempo. Seguían relatando sus proyectos a futuro siempre bajo la premisa de comprar a bajo coste (o a cualquier coste) y vender más caro. No se tenía que ser un empollón para saber que eso era pura y simple especulación.
Grandes pensadores, economistas o no, han analizado esta situación en detalle. Esta entrada no pretende llevar a cabo una disección de todo lo escrito sobre ello. Con todo, os aconsejo los diferentes libros publicados por Fernando Trias de Bes al respecto, amenos, profundos y reveladores. Esta entrada lo que pretende es reflexionar sobre la total ausencia de escrúpulos, de honestidad, de trascendencia y de cabeza que la sociedad (en genérico) aplicó durante esta fase de crecimiento económico sin precedentes.
No pretendo que la humanidad realice una profunda reflexión sobre la sostenibilidad de sus acciones o sobre el valor añadido que éstas van a aportar al resto de la economía. Tan solo pido que a la hora de tomas decisiones importantes, y en la vida se toman muchas constantemente, se tenga una clara consciencia de las consecuencias que puede tener actuar por puro egoísmo con el único objetivo de la única supervivencia y enriquecimiento. Durante mucho tiempo, los intereses personales de muchos se centraron en realizar un consumo feroz de bienes que en la gran mayoría de los casos ni eran necesarios ni eran sostenibles en el tiempo. Durante mucho tiempo se asumieron demasiados riesgos...
No nos confundamos. El capitalismo es un sistema económico fundando en la libertad económica que ha sido, es y puede ser tan bueno como queramos que sea. Lo fundamental es saber que este sistema es una herramienta que bien usada crea riqueza, mal usada crea crisis tan profundas como la que estamos pasando. No es lógico que la actividad económica traducida en la simple realización de transacciones económicas y el cobro de beneficios posterior sirva únicamente para aumentar el parque móvil de 4x4.
Hoy venía en moto por la Ronda Litoral de Barcelona. El 4x4 que tenía delante tenía dibujado un tigre en la lona. Mi mente ha imaginado por un momento todas las historias sobre la carrera empresarial del conductor y que, sin lugar a dudas, le sirvieron para comprarse ese flamante cochazo y de paso pintarle ese tigre desafiante.
Seguramente ese señor ha dejado diversos pufos en su camino, está pasando una situación difícil y esta a la espera de que el estado venga a rescatarle. Eso si... sonríe mientras conduce un coche muy grande que tiene un tigre en la lona.
¿Alguien habrá reflexionado?
Lo dudo.
Que miedo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario