Inspirado principalmente por mi faceta de padre abnegado, creo que es momento de ponerse muy serio. El motivo, una profunda preocupación que todo aquel que ha transcendido más allá de su ser (un papi en ejercicio vaya) siente en lo más hondo de sus intestinos y que se removió recientemente cual retortijón choricero tras la oportuna asistencia a un congreso que versaba sobre dos conceptos clave hoy en día: las TIC o Tecnologías de la Información y la Sostenibilidad.
La idea estaba clara. Todos los mensajes estaban orientados a escudriñar la manera como la tecnología debería permitir frenar el despilfarro de una sociedad muy poco eficiente en el sentido más amplia de la palabra. Se habló largamente del coche eléctrico, se reflexionó sobre el reciclado de pilas de bajo consumo, se vió quien la tenía más grande platicando sobre energía renovable, se teorizó sobre las bondades del cloud computing, se masturbaron mentalmente mentando las redes y las ciudades inteligentes (smart grids and cities) y se trataron con más o menos profundidad otros aspectos que llegaron a un abuso exagerado del adjetivo smart.
La cuestión es que cuando te das cuenta que las grandes consultoras mundiales se ofuscan en promover esta idea se te ponen los pelos como escarpias solo pensando en el negocio que van a querer y que van a conseguir generar. No se que pensarán ustedes pero un modelo de negocio fundamentado en la promoción de la idea de eficiencia y sostenibilidad resulta, por lo pronto, chocante. El promover un uso más eficiente de la energía es en esencia interesante, ilusionante y estimulante. El saber que quien tiene que promoverlo son los mismos que hace cuatro días estaban retozando alegremente en la pocilga de la abundancia y la burbuja económica, financiera e inmobiliaria es, de todas todas, decepcionante. Que encrucijada señores…
Totalmente sugestionado por tan contradictorios mensajes, recogí mis pensamientos y me fui al estado de California. A la vuelta del viaje la cosa había empeorado ostensiblemente. El caminar quince minutos por una ciudad norteamericana y sentir en la cara el impacto del “american way of life” tiene esa virtud. La de comprobar como la manera de entender la vida de un país entero se basa en el despilfarro, la ostentación, el hazlo más grande y el fiesta para todos. ¿Sostenibiliqué?
Cabe recordar y revelar a aquel que no lo sepa que yo fui uno de los cuatro matados que estudiaron Geología. Llamarme tio preclaro si queréis. Lo que tengo que agradecer de ello es la amplia visión que te otorga el estudiar conceptos que suceden tan lentamente que solo pueden medirse en millones de años. Eso hace cuestionarse cosas desde una visión muy muy amplia lo que inevitablemente te lleva a preguntas como ¿Qué demonios hacemos en un pedazo de roca tan minúsculo en la inmensidad del universo? ¿Porqué nos creemos tan importantes si vivimos en ella hace cuatro días? Eso es jodido cuando tienes a tu hijo en brazos y tienes un instinto de protección de caballo.
Habían pasado ya varias semanas desde tan acuciante alerta paternal. Gracias a Dios, el influjo de las vacaciones había iniciado el proceso de hibernación de la misma. Hasta hace tan solo un par de días… Encontrándome a solas en el lavabo de un bar cualquiera en un lugar turístico me llegó la revelación cuando comprobé medio aturdido por los olores que no había papel higiénico. Siglos de mejora de la especie, un montón de años de inexorable avance de las TIC y mucha sostenibilidad no habían sido capaces de garantizar la existencia de papel en aquel espacio. El sistema además de ineficiente es un poco cabrón, pensé. Tendremos que mejorarlo entre todos.
Con esta entrada señores quiero zarandear sus consciencias con el fin de trabajar juntos para asegurar que nuestra descendencia disfrute al menos de la misma cantidad de papel higiénico, o más, del que nosotros hemos podido tener a disposición. No dejemos que se encuentren con las manos vacías, por favor.

Y sin embargo la generación "joven" actual será la primera que viva peor que sus padres en la historia reciente.
ResponderEliminarMe temo que todo se vaya al carajo y dé lugar a una nueva edad oscura, sólo que esta vez aderezada con problemas climáticos causados por nosotros mismos.