6 de abril de 2012

El discreto encanto de lo apretado

Permítanme distinguidos lectores ocasionales que, con la llegada de la primavera y de manera reincidente cual marmota Phil en Febrero, vuelva a regodearme en uno de mis temas preferidos, la estética… de los demás, claro está.

La belleza está en el interior dicen algunos. Curiosamente son aquellos poco agraciados y llenos de granos lo que más abogan por defender tan alta reflexión. ¿Coincidencia o simplemente  demagogia? Se nos brinda aquí en bandeja un rico, profundo y amplio debate del que huiremos para centrarnos única y banalmente en un estereotipo relacionado con la belleza interior que, por su trascendencia, puede llegar a causar alarma social o al menos un ligero escalofrío.

La mujer neumática o la innegable existencia de gente, generalmente del género femenino, a la que la belleza la rebosa externamente y de manera ostentosa, hacen que la lucha encarnizada entre la portentosa cacha y el diminuto pantalón sea algo digno de ser analizada. Las curvas resultantes de tan arriesgada práctica a menudo son contrarias a las leyes más elementales de la física y son, con toda seguridad, las causantes silenciosas de serios estragos en más de un sistema básico corporal.

Pero no juzgaremos aquí la asombrosa elasticidad de los materiales, la conjunción cromática de las prendas o la bondad fisiológica de llevar 6 tallas menos sino que haremos hincapié en el fino matiz que separa la grandeza y la majestuosidad de un cuerpo jamón del más puro atentado al buen gusto y la segura ausencia de espejos en casa.

La jamona, esa semidiosa tantas veces representada por Robert Crumb en sus comics setenteros, juega en primera división segura de sí misma. Con sonrisa socarrona despliega por la calles hábilmente sus encantos, arrancando de sus víctimas masculinas con cada zancada de sus largas piernas una nueva mirada furtiva.


La nalga brasileña o la voluptuosidad teutona no tienen rival ante el patético despliegue neumático de la mujer que, rechoncha y sin cintura definida, se embota en un pantalón de cuero para adornarlo con una lorza a modo de cinturón cual Poli Ejido de la liga de la lívido masculina. Así, las armas de seducción esgrimidas por el michelín centroamericano o el rollito mandarín no pasan de un simple tirachinas en comparación con el arsenal de la jaca toledana.

Los flotadores asoman sin pudor ni aviso previo por encima del pantalón o el diminuto top enmascarando apenas toda la supravalorada femineidad mientras las prendas de colores chillones hacen juego con el colorete de sus mejillas y la pelusilla de su bigote. De esta manera, sin quererlo pero seguramente influenciado por estas fechas, viene a mi mente la imagen de una colorida mona de Pascua a la que solo le faltan los huevos, los cuales si lo pensamos bien no desentonarían en absoluto con la androgeneidad del conjunto.  

Y hablando del genero varón, éstos no se quedan a la zaga en cuento a apretarse los machos. En su juventud, el hombre intenta denostadamente mostrarse viril y masculino ante la hembra, no dudando ni un instante en recurrir a la camiseta de rejilla sin mangas o en su defecto a la sempiterna camiseta imperio. En su camino hacia la madurez, éste comprueba como todo su ser se esferifica cual tortilla de patatas en el Bulli y se convierte sin remedio en Bibendum, aquel simpático y rollizo muñeco de Michelin que ya en 1898 el artista Marius Rossillon dibujó seguramente influenciado por el avistamiento de uno de esos hombres o mujeres neumáticas.

Ya he avisado de que, de manera cíclica y casi enfermiza seguro que dirán algunos (¿verdad Willie?), vuelvo al mismo tema. Me regodeo sacándole nuevamente punta y revisando los detalles que quizás en el pasado pasaron desapercibidos. Con todo, reviso anonadado las entradas del Blog y ciertamente estupefacto advierto que es la primera vez que escribo sobre ello abiertamente. Debe ser que mi mente me juega malas pasadas cuando se trata de la valoración estética del mundo y los michelines que me rodean.

Tema ciertamente espinoso para algunos que vamos ganando peso con el paso del tiempo rumbo hacia la esferificación. Tema ciertamente cruel para aquellos que tenemos ojos y una señora esposa con la que caminamos del brazo dispuestas siempre al comentario mordaz al paso de la jamona. Tema ciertamente escabroso para los que salimos poco y nos parece que siempre acabamos en el hábitat natural de la mujer neumática.

Difícil ejercicio este de la imagen en el que al despejar la incógnita para conocer el valor de la talla, ésta siempre tiende a infinito. Asombroso y cierto a la vez…

2 comentarios:

  1. Pero donde hay michelín hay alegría, ¿no?

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  2. Siempre tan certero Pablo. Efectivamente. El michelin está de moda. Solo hace falta verme a mi...

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