9 de marzo de 2011

Un proyecto, una cultura, una meta

Un buen día sales de trabajar, miras al cielo y sonries. La luz de la tarde es azul... muy azul. En ese momento has recordado los largos días de invierno y la oscuridad que te ha acompañado a la salida de cada dura jornada de trabajo. Pero sabes que esta vez no es lo mismo. Que algo ha cambiado lo suficiente para que te notes diferente y que la rutina ya no será rutina.

Tienes claro que has formado parte de algo bonito. Que has aprendido muchas cosas. Que has perdido empuje por el camino, pero nunca la capacidad de emocionarte con cada nueva victoria. Que has conocido tambien la amarga derrota. Que has tratado con los mejores y más competentes, aquellos que han sido tus compañeros y amigos. Que has pasado momentos de gloria, tan intensos que creias que nada podía ser mejor.

Pero la cruda realidad te ha devuelto a la senda de la miseria. Los tiempos han conseguido llegar a ser dificiles y las condiciones muy complicadas. Durante los últimos años, los necios han atacado sin compasión aquello en lo que sigues creyendo y la impunidad ha hecho que se vivan situaciones desagradables. Las fuerzas te han flaqueado en algún momento y, con el tiempo, has ido madurando la idea de que debes salir fuera y buscar con fervor a quien se llevó tu queso hace tiempo.

Y justo cuando estabas preparandote de nuevo para luchar ves una puerta entreabierta hacia algo que da vertigo, el cambio. Sabes que pagas un alto precio dejando atrás amigos y un proyecto atractivo. Pero lo asumes porque eres consciente de que hoy en día todo está entrelazado.    

Piensas que la primavera definitivamente ha llegado y una extraña sensación de vitalidad recorre tus entrañas. Vuelves a sonreir, pero esta vez con cierta melancolia al recordar todos aquellos momentos que viviste en compañia de gente maravillosa tratando de hacer cosas grandes... tan grandes como crear un proyecto, una cultura, una meta.

Siempre con vosotros.

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